GOBIERNO

Tiempo al tiempo: A. Linette Taboada F.

En Panamá, como en muchos países, hay una costumbre no escrita que le otorga a los nuevos gobiernos un período de gracia de 100 días. Se trata de un inicio prudente y razonable, justo para todos. Desde el momento del traspaso de las responsabilidades, el nerviosismo en los despachos públicos y el cambio de personal provocan en todos los gobiernos entrantes diversos errores y descuidos, a los que es mejor no prestarles mucha atención ni hacer un juicio riguroso de ellos, pues eso se deja para los que adquieren la práctica que necesita el cargo con el tiempo.

Sin embargo, hay algo que no necesita 100 días ni adiestrarse, y que además no es fácil cambiar porque viene adherido al mandatario, eso se llama el carácter. Para muchos, quizás tenga que ver con la moral con la que se gobernará; para otros, es el ritmo, el sello personal, etcétera.

Según sea el carácter del gobierno y, sobre todo, del gobernante, así mismo será la aprobación que se le dará a los intereses o promesas que tiene por cumplir. Eso no tiene nada que ver con que se haga bien o mal. Pero ya, en el ocaso de esos 100 días, se puede notar una pausada entonación que hará inconfundible a esta administración, como también sucedió con la anterior, y la anterior y así sucesivamente, porque cada una tenía su ritmo propio.

Desde el 1 de julio hasta ahora se puede ver el contraste que hay con el Gobierno pasado. La fuerza y el ímpetu del mandatario anterior, al igual que su porfía, son pruebas de ello. Él se hizo una figura de notoria controversia desde el día uno cuando se vio el tono que le iba a implantar a las decisiones de su propia autoría. Sus aciertos y desaciertos obedecieron a eso, al ritmo o carácter que le estampó a cuanto nacía de su total y absoluta voluntad. La moral quedó a un nivel nunca antes visto en este país en tiempos de democracia... simplemente porque no la hubo.

Ahora bien, ¿qué podemos esperar de este nuevo gobierno y su gobernante? Va a paso lento o quizás se pueda decir a un paso cómodo para ellos, sin decir que ese paso sea malo. Pero en algunos casos, como la delincuencia, nos preocupa que ese andar parsimonioso lleve a que nos ganen las calles. La percepción es que las cosas en el palacio van muy despacio, como dice el refrán.

A manera personal, como ciudadana, esto me desconcierta un poco. Quiero pensar que es un error de observación o de interpretación de mi parte, por la forma como se están haciendo las cosas; sin embargo, ya somos muchos los que estamos a la espera de que el motor encendido mueva el carro y veamos prontamente resultados positivos en esa materia de seguridad, por citar solo una. Tiempo al tiempo.

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