LEYES INCUMPLIDAS

Tiempos oscuros en la conservación patrimonial: Orlando Acosta Patiño

El sábado en la tarde, en la fila del supermercado, me encontré a una representante de la “honorable Asamblea Nacional” haciendo súper. Le consulté –suponiendo que sabría de qué le hablaba– sobre las leyes de protección patrimonial que se aplican a inmuebles icónicos en la ciudad de Panamá y de lo que sucedía en la antigua estación del ferrocarril, en la plaza 5 de Mayo. Pero, como muchos de los diputados y electores, se declaró de “vacaciones en Bosnia”. A ella, quien oculta su ignorancia bajo su roja melena y perfumada presencia, le dedico estas líneas.

Para cubrir los baches de la ignorancia, debe saber que el edificio de la antigua estación del ferrocarril de Panamá, en la plaza 5 de Mayo, fue declarado monumento histórico mediante acto de Ley número 37 de 22 de mayo de 1996. Los valores que soportan esta declaratoria pasan por lo tecnológico, lo social y por la transversalidad de nuestra larga y fascinante historia de tránsito.

Eduardo Tejeira, en la Guía de arquitectura de Panamá (2007), documenta datos interesantes. El edificio original de la estación se construyó a fines del siglo XIX y fue reemplazado por el actual –al igual que la nueva estación aledaña a la plaza 5 de Mayo– y perteneció a la Compañía del Ferrocarril de la antigua Zona del Canal. La estación era un enclave zoneíta dentro de la ciudad de Panamá.

“El proyecto se pensó originalmente en el ´mission style´, pero al final se hizo en un severo orden dórico romano. Es un eco de la desaparecida estación de Pennsylvania de Nueva York (1906–1910), que a su vez se inspiró en las termas de Caracalla en Roma; las bóvedas de arista y los lunetos del edificio panameño son evocaciones directas de ambos. Por otro lado, mientras que la estación neoyorquina tenía un gran pórtico central, en Panamá se construyeron dos entradas gemelas y dos salas de espera para mantener segregados a los viajeros, según lo dispuesto en términos de segregación racial entonces”. Los viajeros blancos debían estar separados de aquellos de “color extraño”, parafraseando a Rubencito.

Las autoridades zoneítas clausuraron la estación en 1960. El edificio pasó a manos panameñas y en 1976 fue restaurado y transformado en el Museo del Hombre Panameño (hoy Museo Antropológico Reina Torres de Araúz). Las bóvedas del museo fueron robadas durante la invasión de 1989; luego fue cerrado y reubicado en Llanos de Curundú, donde abrió por escasos años. En sus bodegas duerme la más grande colección de arqueología de Panamá –que aguarda alguna acción gubernamental– sin embargo, en sus salas se exhiben dinosaurios de plástico, disfraces de reinas de Carnaval, dorados cartones faraónicos y otros adefesios considerados “museables” por las autoridades y los curadores.

Tras haber embalado y trasladado las colecciones del Museo Antropológico a bodegas del edificio del Museo del Niño y la Niña, en el área del Canal, la antigua estación se convirtió en el Instituto Superior de Bellas Artes.

Hoy, debido a la más grande crisis del sistema de transporte que se haya registrado en la ciudad capital, la antigua estación del ferrocarril ha sido transformada en una parada temporal del Metro Bus. La autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT), junto a la empresa Mi Bus, construyó (ante el silencio laxo de la administración patrimonial y bajo la ignorancia de los honorables diputados) galeras de metal (grandes adefesios) para resguardar del sol y el agua a los ciudadanos–usuarios que ellos tratan como de segunda o tercera categoría. No ha habido un pronunciamiento público de lo actuado sobre los valores patrimoniales del monumento histórico. Esto, si se ha hecho, no ha sido comunicado ni informado.

Una vez más, las autoridades oficiales, de las que esperamos el cumplimiento de las leyes y deciden los temas clave de transporte y movilidad urbana, arremeten contra la normativa de conservación patrimonial, amparadas en el corre corre que caracteriza a esta gestión gubernamental en estos y otros temas.

Mientras tanto, el Instituto Nacional de Cultura y la Dirección de Patrimonio Histórico mantienen un silencio sepulcral. Dos proyectos, la tercera fase de la cinta costera y la condición de patrimonio de la humanidad del Casco Antiguo y, ahora, la usurpación del espacio público y de la fachada de la antigua estación del ferrocarril, lucirán como dos broches que coronarán los más oscuros tiempos de administración pública y conservación patrimonial en Panamá.

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