ANTIMODELOS

Transfuguismo y chaqueteo: Carlos Guevara Mann

La Prensa publicó el lunes 24 de septiembre un reportaje sobre transfuguismo político que generó muchos comentarios. Según el texto, 28 diputados (39% de la cámara), 19 alcaldes (25% del total) y 171 representantes de corregimiento (27%) han cambiado de partido desde que fueron elegidos en 2009.

Por sus implicaciones para el sistema democrático, vale la pena examinar algunos aspectos históricos y estructurales del transfuguismo. En primera instancia, conviene definir el término, según el Diccionario de la Lengua Española (22ª edición): “Especialmente en la vida política, actitud y comportamiento de quien se convierte en tránsfuga”.

“Tránsfuga”, a su vez, según el mismo Diccionario, es –en su primera acepción– la “persona que pasa de una ideología o colectividad a otra”. Algunos tránsfugas cambian por razones programáticas como, por ejemplo, lo hizo el famoso Winston Churchill, quien en 1904 dejó el Partido Conservador por el Partido Liberal y en 1924 volvió a su partido original.

Otros tránsfugas emigran por crudo oportunismo. Estos últimos son “chaqueteros”, los que cambian de partido u opinión “por conveniencia personal”.

Hay en Panamá una larga historia de transfuguismo y chaqueteo. Para no ir atrás tan lejos, remontémonos a 1968. Después del 11 de octubre de ese año, hubo muchas mudanzas de tolda.

No pocos personajes del régimen civil derrocado reaparecieron al poco tiempo en los cuadros de la dictadura. También, supuestos adversarios históricos del militarismo, que se enfrentaron a los cuarteles en los años 1940, 1950 y 1960, luego se entregaron al régimen castrense.

En algunos casos, su chaqueteo y adulación fueron la base de fructuosas carreras políticas que los llevaron hasta la Presidencia de la República. Ellos crearon un paradigma de entreguismo descarado y servil que sirvió de modelo a muchas personas.

A partir de la restauración de la Asamblea, en 1984, ha habido varios casos de transfuguismo en la cámara representativa. En ocasiones, los cambios han sido motivados por la aplicación de la legislación electoral vigente.

Cuando un partido no alcanza la cuota de votos necesaria para garantizar su supervivencia, el Tribunal Electoral cancela su registro, aun cuando el partido haya logrado elegir diputados. Por ese motivo, entre 1994 y 2009 al menos 10 diputados se vieron forzados a afiliarse a otros partidos.

Así les ocurrió a los diputados elegidos en las listas del Partido Laborista (Pala), el Partido Liberal Republicano (Libre), el Partido Liberal Auténtico, el Partido Liberal y la Unión Democrática Independiente (UDI) en 1994; el Partido Renovación Civilista en 1999; y Vanguardia Moral de la Patria en 2009.

Más común ha sido la migración partidaria por motivos electoreros. De los 224 diputados que entre 1994 y 2009 buscaron la reelección, al menos 48 cambiaron de emblema partidista, lo que representa el 21% de la muestra.

En otras palabras, al menos una quinta parte de los diputados entre 1994 y 2009 cambió de toldas por evidente electoralismo. Esto ha sido posible por dos características de nuestro sistema político: la debilidad del sistema de partidos y un presidencialismo intenso, cuyos señuelos son difíciles resistir.

Según lo demuestran las investigaciones llevadas a cabo en otras partes donde también ocurre el fenómeno, el chaqueteo entre miembros de la cámara representativa tiene consecuencias importantes para el sistema democrático, en particular para la representación política y la rendición de cuentas. El diputado que se muda de partido –especialmente hacia el gobierno– por razones electoreras, tiende a descuidar sus funciones representativas y fiscalizadoras.

Como lo declaró a La Prensa (24 de septiembre) el politólogo Daniel Zovatto, “el comportamiento tránsfuga debilita el sistema de los partidos políticos, favorece la inestabilidad política partidaria, afecta la credibilidad, no solo del tránsfuga en cuestión, sino de la clase política, deteriora la cultura democrática y distorsiona la representatividad surgida de las elecciones”.

Por estos motivos, es importante prestarle atención al transfuguismo o chaqueteo.

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