ATENCIÓN DE ADULTOS MAYORES

Trescientas mil razones: Josué Morales Martínez

En panamá hay aproximadamente 300 mil personas con 60 y más años de edad, en 2025 serán 600 mil, y para 2050, más de un millón; en esa fecha tendremos la misma cantidad de menores de 15 años que mayores de 60 años, situación que tendrá un impacto en la vida de los ciudadanos panameños. Los estados responsables y preocupados por su viabilidad a largo plazo, dedican talento y recursos a la comprensión de este fenómeno y sus efectos. Es necesario entender el envejecimiento desde una lógica diversa, que permita materializar aspectos históricos, territoriales, culturales, económicos y sus relaciones.

Un Estado no puede seguir un modelo único de vida ni un modelo único de envejecer (jubilación, enfermedad, gastos, aislamiento, negar el derecho al trabajo, subsidios y dependencia), porque esto genera un secuestro radical de vidas y contextos y presenta una imagen deformada respecto al envejecimiento y sus consecuencias sociales, fundada en un pensamiento unitario que busca convertir la diversidad en una universalidad prejuiciosa y estereotipada, alimentada a partir de la construcción de ideas imaginarias y, otras veces, convenientes.

Desde hace décadas, el Estado panameño aplica estrategias para reducir la mortalidad infantil y salvaguardar el crecimiento y desarrollo del niño, el cuidado prenatal, la modificación del ambiente, la educación del ciudadano, promover el crecimiento económico y brindar acceso a los servicios de salud; estas últimas diseñadas para a una población preferentemente joven; pero se ha hecho muy poco por fomentar estilos de vida que nos lleve a alcanzar edades avanzadas integrados a la sociedad, lo más sano e independiente (física y económicamente) y por adaptar los servicios de salud a la población adulta mayor que será en las próximas décadas el principal usuario del sistema de salud; usuario al que le alargamos la vida con discapacidad en las edades avanzadas y, en ocasiones, con poca calidad de vida.

La población de Panamá en 1958 era aproximadamente de un millón 63 mil 44 personas, de esa cantidad 429 mil 412 eran menores de 15 años (43%) vivían en la provincia de Panamá. En ese escenario, el presidente Ernesto De La Guardia Jr. creó al Hospital del Niño como una entidad autónoma, regentada por un patronato, a través de la Ley 17 de 23 de agosto de 1958, obra terminada y entregada el 31 de enero de 1950. Sin lugar a dudas, gracias a hombres visionarios, responsables y a una población colaboradora, tenemos 62 años de recibir excelentes servicios de este y, en este 2012, las autoridades prometen uno nuevo.

La ejecución de programas durante décadas ha estado disminuyendo la mortalidad y la tasa de natalidad, por ello, ha cambiado la proporción de las edades en este país, teniendo cada vez más adultos mayores, sin embargo, pocos hablan de la construcción de un hospital nacional de geriatría, del desarrollo de políticas para envejecimiento activo y saludable, de la red y programas de salud para el adulto mayor que fomente el envejecimiento activo, de la atención de agudos y crónicos para preservar y recuperar la función, de los cuidados paliativos ambulatorios y domiciliarios o del desarrollo de técnicas ambulatorias de servicios hospitalarios. Mientras el mundo especializa los hospitales como nacionales de referencia, haciéndolos más pequeños y para una población específica, en Panamá los generalizamos y los hacemos más grandes.

¿Cómo sucede esto, teniendo una población de 330 mil 255 personas de 60 y más años, con el 49% residente en la provincia de Panamá (estimación de 2010)? Grupo este que tiende a crecer más rápido que los demás segmentos de la población, sobre todo, los mayores de 80 años quienes consumen muchos recursos de salud en forma de citas, medicinas, días de estancia hospitalaria (lo más costoso), estudios de laboratorio e imágenes, cirugías.

La geriatría propone una serie de instrumentos y estrategias para hacer más eficiente su atención y para desarrollar los diversos niveles asistenciales que empiezan en la casa del paciente, transitan por la intervención en las comunidades, policlínicas, hospitales de segundo y tercer nivel y deben llegar hasta los institutos nacionales de geriatría (que no tenemos), con costo escalonado, viable y aceptable a la comunidad; ello no ha gozado del apoyo ni aceptación de los gerentes del sistema durante lustros y, en este gobierno, no es la excepción. Por ello, seguimos con un sistema inequitativo, que no responde a las necesidades de los adultos mayores y que, además, fomenta la ineficiencia.

La solución que se les ocurre es abrir una convocatoria a médicos geriatras extranjeros y construir más hospitales que atienden urgencias, agudos, crónicos, rehabilitan y dan paliativos, tan cuestionados hace décadas porque son modelos ineficientes. Tenemos la oportunidad de darle un trato digno (no filas ni camillas en pasillos) a los adultos mayores actuales y futuros. Debemos hacer de este envejecimiento demográfico una oportunidad, solo hay que cambiar la actitud, porque lo propuesto es más eficiente, se debe crear un instituto nacional de geriatría y una red nacional especializada, para atender los problemas de salud de los adultos mayores.

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