SUBDESARROLLO CULTURAL

Turismo y mediocridad: Efraín Hallax

Turismo y mediocridad: Efraín Hallax Turismo y mediocridad: Efraín Hallax
Turismo y mediocridad: Efraín Hallax

Me detuve con mis huéspedes extranjeros en el camino del charco hacia Gamboa, no sin antes pagar 6 dólares por persona. Mis acompañantes debieron pagar algo más. La vergüenza pronto inundó mi rostro y me sentí mal por la mediocridad circundante. Bancas destrozadas, puentes cayéndose, un riachuelo moribundo y un caminito con pancartas corroídas que otrora mostraban el nombre de algún árbol. Parque Nacional Soberanía, creo que su nombre es una burla. “Arbustos soberanía” debería llamarse en comparación con otros parques del continente.

Intenté impresionar a mis huéspedes sin lograrlo. Podía sentir la mediocridad del entorno, oler lo pequeño y subdesarrollado de los monumentos que visitamos. Las Bóvedas, en la plaza de Francia, da vergüenza. Portobelo, con un quiosco de hot dogs y tres quioscos semidestruidos de artesanías dignas de niños de kínder… San Lorenzo cayéndose a pedazos. Traté de explicarles la ruta a seguir para llegar a Isla Grande, pero sin señales en las calles y la carretera era imposible orientarlos.

En Panamá, sin ayuda satelital, carro o alto poder económico, un turista está perdido. Un turismo joven es prohibitivo y quienes se arriesgan no regresan. Quiero dejar establecido que soy un turista profesional y conozco el mundo. Además, he estado en el negocio por 30 años. Por ello me resulta fácil identificar a los charlatanes.

Uno de los problemas que abordaré es la mediocridad de quienes dirigen el turismo. No se puede traer turismo si no se ha sido turista primero. No se puede dirigir una institución que puede generar cientos de millones de dólares, sin conocer la industria a profundidad.

En Panamá, primero tenemos que tomar conciencia de que nuestra “grandiosidad” es subjetiva. Nuestra cocina no es tan diversa como pensamos. La mexicana o la peruana son muy variadas. Para nosotros, el sancocho es nuestro orgullo. Lo que no sabemos es que gracias a Patricia Miranda, Cuquita Arias y Charlie Collins podemos presumir un poquito de nuestro sabor.

Fuera de Panamá, nuestra gastronomía es desconocida. Después de buscar un rato descubres que por cada 100 restaurantes de comida extranjera, quizás encuentras uno típico. Aparte de nuestro museo Gehry (orgullo nacional), el resto da pena; compararlos con otros sería una broma. Nuestras ruinas y arqueología son chiquitas en comparación con cualquier otro país de América. Nuestros buses no son suficientes ni eficientes.

No comentaré acerca del servicio de taxis, pues es un bochorno nacional. Y las calles sin señalización replican la tragedia que vivieron mis invitados. Actualmente tenemos la ocupación más baja de hoteles de la región, y aún no entendemos que para atraer turistas es imperativo entender el negocio. En palabras sencillas, no hay turistas en Panamá, porque nuestras autoridades no tienen idea del negocio.

¿En qué somos buenos? No es solo en shopping, negocios, convenciones internacionales, el mercado sexual, o en servicios de salud. No es solo que seamos alegres y tengamos un canal fabuloso. No son nuestras playas, el raspao y la cocada. No es el pescado frito ni nuestras frutas. Tampoco es nuestra pollera ni los congos. No es nuestro clima, nuestra diversidad ni tío caimán. Tampoco es porque seamos la nación más feliz del mundo. Nuestro problema es que no hay turistas. Y lo peor es que los pocos que llegan no regresan.

Nuestro eterno problema es la mediocridad de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP). Todos improvisan, todos se vuelven genios apenas son nombrados, sin comenzar por diseñar una estrategia a largo plazo. Se desperdician millones de dólares en propaganda para atraer turistas a un aeropuerto con graves limitaciones de transporte. ¡Increíble! Y después de cinco años el próximo administrador de la ATP improvisará un nuevo plan, contratará estudios y promoverá aeropuertos en Río Hato, Colón y Monagrillo. Son nuestros genios. Los cuartos de los hoteles seguirán vacíos, a pesar de que los precios están por el suelo.

Pero de acuerdo a los informes oficiales, estamos muy bien. Ignoran que sin planificación a largo plazo, estamos perdidos. Leí que se planea un impuesto municipal de 10% a esta industria. Añadido al 10% del impuesto anterior, al 7% del IVA, el 15% de comisión por cuarto a los revendedores, y al creciente costo de la electricidad, a las coimas que reclaman inspectores, el panorama es escalofriante.

La ATP gasta el doble que Costa Rica, con resultados muy inferiores. La industria del turismo podría ser una máquina propulsora inigualable del crecimiento del país; es la única forma que tiene una nación subdesarrollada para salir de la pobreza. ¿Por qué no somos como México que, con narcos y asesinatos, tiene carreteras bien señalizadas? No tenemos la sabiduría siquiera para copiarnos de otros países.

Tenemos tanto que ofrecer, tanto para dar, tanto para prosperar. Pero sin una planificación profesional, que no sea para robar cada cuatro años, ¡estamos jo...!

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