POLÍTICA PARTIDISTA

¿Unidad...?: Miguel E. Delgado A.

El acto del 25 de marzo en el gimnasio Nuevo Panamá, hoy rebautizado Roberto Durán, es una muestra tangible de la capacidad del Partido Revolucionario Democrático de manejarse en el mundo de las contradicciones y en los antagonismos entre pares iguales, es decir, militantes de base de un partido político. Incluso, es muestra de su capacidad de manejarse en la lucha de intereses creados que se da en la cúpula del partido.

En el caso que nos ocupa, se da esta lucha entre un señor que ha sido por 10 años alcalde del distrito más grande del país y que llegó al PRD de la mano de uno de esos que él hoy llama, dinosaurios, y el resto de la cúpula. Por ejemplo, la aspiración a Presidente de la República es incompatible con el cargo de dirigente a lo interno del partido; al menos es así señalado por acuerdos recientes que indican que ningún miembro del CEN (Consejo Ejecutivo Nacional) podrá ser candidato a puestos de elección popular. Este es posiblemente el más temerario traspié que encontramos en la convocatoria y planteamiento del dirigente de la concentración reseñada.

Pretender una unidad donde no existe división es llover sobre mojado, reclamar una aspiración donde los acuerdos la han vedado es querer romper la regla del ciudadano; según Burdeau, ciudadano es “... el tipo de hombre que solo produce la cultura y la razón”. Es menester de la cultura y la razón respetar los acuerdos y demás decisiones colectivas como requisito indispensable para sacar del espacio social de poder político a lo que el precitado denomina los “hombres reales”, los cuales se traslucen según el autor: “con sus vinculaciones personales, sus intereses y sus ambiciones...”. (George Burdeau. La Democracia).

Harry Brown Araúz indica que “las primarias parecen ser uno de los elementos que han apuntalado el rendimiento electoral del PRD” (Partidos Políticos y elecciones en Panamá: Un enfoque Institucional); en tal sentido, señalamos aquí, las primarias significan para el PRD la piedra angular de la ruptura con cualquier pasado autoritario “dedocrático”, productor de “presidentes desechables”, como les denominó en su momento el Dr. Carlos Iván Zúñiga a los presidentes del periodo cívico militar que terminó el 20 de diciembre de 1989. Es, entonces, necesario que sobre las primarias del PRD no caiga la más mínima sospecha y en ese sentido cualquier situación que pretenda señalar que un acto de masa o una encuesta representa la decisión de las primarias solamente favorece a los que pretenden insistir en la idea de un PRD autoritario que no existe hoy ni existió ayer, puesto que hasta el 20 de diciembre de 1989, el PRD no mandaba; mandaban los militares.

Mal puede el PRD asumir un pasado autoritario, cuando jamás en los 20 años de gobierno cívico–militar tuvo el poder: lo más que obtuvo fuera de una alta cuota de humillación y corrupción fueron unos cuantos “presidentes desechables”.

Brown Araúz además señala: “también es cierto que el pasado autoritario del PRD prácticamente le imponía recurrir a estrategias como ésta para “limpiar” su imagen, por lo que la adopción de primarias en este partido puede ser vista como una táctica de marketing electoral, y no solo como el resultado de sus particularidades originales”.

Aunque reitero mi desacuerdo con el concepto de pasado autoritario, sí es cierto que resulta interesante el argumento de Brown en torno a un potencial marketing electoral como causa de las primarias PRD, pero la ideología socialdemócrata podría ser la base de las primarias, así como de la vida democrática que se respira a lo interno del colectivo del 11. Es a esta realidad de un partido que no tiene dueño y que no aceptará jamás volver a que se le trate como una sociedad anónima, al servicio de un secretario general con aspiraciones personales, a la que tenemos que fortalecer con militancia y pragmatismo revolucionario; en tal sentido respetar los acuerdos es vital para que se dé la unidad y estos dicen: o candidato o secretario general.

El nunca suficientemente estudiado Tocqueville señaló: “Lo que yo llamo grandes partidos políticos son aquellos que se sujetan a los principios más que a sus consecuencias; a las generalidades y no a los casos particulares; a las ideas y no a los hombres”. (Alexis De Tocqueville. La democracia en América). Señores de la concentración del 25 de marzo, la unidad está en la mayoría, no en la particularidad de la aspiración de un hombre.

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