EL MALCONTENTO

Unión popular y política: Paco Gómez Nadal

Hace tiempo que no escuchaba una buena noticia. Me refiero a una buena noticia estructural, de las que nos hacen intuir que algo, realmente, se está moviendo. Y este fin de semana aconteció.

Quebrada Guabo es un epicentro social. Siempre lo ha sido. La primera vez que fui a ese lugar, compartí arroz y conversé con líderes ngäbe. Aun estaba pintado un mensaje contundente en las paredes de la vieja empresa minera: “No a los mineros, a los gubernistas ni a los traidores”. La declaración de intenciones resonaba aún desde que en 1999 los ngäbe echaran a la empresa minera que pululaba por aquí, aunque algunos de sus líderes pagaran con cárcel y persecución por un lustro la decisión de autonomía y dignidad.

Quebrada Guabo es un espacio de lucha en el que se cocinan a fuego lento, desde hace muchos años, las resistencias y los tejidos para que estas sean posibles. Ya era una buena noticia en 2008 la reunión de organizaciones solidarias con la comarca en defensa del territorio. Lo fue, en 2009, la Movilización Nacional Indígena, Campesina y Popular de la que algunos de sus pasos se ensayaron en este mismo lugar. Lo es ahora, la reunión de una veintena de organizaciones populares que han decidido unir sus fuerzas para resistir a los embates del Gobierno-empresario de Panamá.

Ciudadanos de Colón, indígenas ngäbe, funcionarios, maestros, trabajadores de Changuinola, obreros, ecologistas... cuando las alianzas surgen desde abajo tienen más futuro que cuando son inventadas por cúpulas o por burócratas políticos. Solo una mala noticia dentro de la buena noticia: la declaración de que la alianza estratégica es “apolítica”.

Me explico. Una de las características del fascismo es demonizar a la política. Así lo hizo Hitler, así lo han hecho los Uribe o los Fujimori de turno. Así se encaramó Martinelli a la presidencia: con un discurso antipolítico. El discurso populista de la derecha radical demoniza el ejercicio político y encuentra eco porque los ciudadanos están cansados de los partidos tradicionales y de los partidos políticos tradicionales. La corrupción, la profesionalización de la política, el uso interesado de la información, el robo descarado de lo público han caracterizado el ejercicio de la política clientelista y torticera. Pero eso no es “la política”.

Un poco de memoria etimológica. Los griegos llamaban politikoí a los asuntos que eran de interés de los ciudadanos, a los temas del Estado civil, para distinguirlos de los intereses privados o personales (idiotikós). De hecho, a los hombres que no se interesaban en lo público se les denominaba idiotes (ciudadanos privados) lo que al final terminó generando el término idiota para referirse a un inculto. Es probable que tengamos que rescatar el término idiota para aquellos que solo se guían por sus miserables intereses privados, pero lo que yo reivindico es la recuperación del término “política”.

La alianza estratégica de los movimientos populares panameños es, probablemente, el acto más político ocurrido en el país en la última década. Un gesto de indudable trascendencia, un entramado con un objetivo y con una estrategia política. Que la alianza sea política no significa que sea ¡politiquera! ni que la política solo se pueda ejercer en el terreno electoral. Esa ha sido otra perversión interesada del lenguaje en esto que denominamos democracia representativa y que nos ha hecho creer que la política solo es asunto de los “políticos” profesionales y que los ciudadanos solo podemos ejercer cierto papel político cuando votamos.

No es así. Todos hacemos política. Los ciudadanos de a pie, los periodistas, los curas, los policías, los campesinos, los ministros, los empresarios... Siempre que intervenimos en el entorno de lo público mantenemos una actitud política y eso no solo es sano sino que es deseable en una sociedad dinámica y vibrante.

Es evidente que a los “políticos” profesionales, a los que viven del cuento y roban de la realidad, no les interesa. Es típico escuchar a los políticos acusar a un sindicato cuando convoca una huelga de ocultar “motivaciones políticas”. La acusación es ridícula pero no es baladí: la estrategia de despolitizar a la sociedad genera un monopolio lucrativo para aquellos que ejercen el poder.

Yo me alegro de la alianza popular y política fraguada en San Félix y que irá tomando forma en la próxima asamblea de Santiago. Espero que esta alianza entienda la importancia política del paso que ha dado y que evite, eso sí, la cooptación por los burócratas de la “política profesional”. Si algo están demostrando estos tiempos es que hay que aprovechar los espacios de autogestión que deja libre el poder profesional para, así, ejercer otro tipo de política. No es en la corrupta Asamblea Nacional o en el fétido palacio presidencial donde se siembra el futuro. Es en las veredas, en los barrios, en las cientos de “Quebradas Guabo” que esconde este país en donde está germinando una nueva democracia: plural, popular, participativa y directa. Esta apuesta política es lenta y tendrá que vencer obstáculos y zancadillas, pero es de las que genera esperanza. Suerte y sabiduría.

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