MUNDO ACADÉMICO

El rescate de la Universidad de Panamá: Jaime Cheng Peñalba

En la década de 1980, la Universidad de Panamá (UP) llegó a ser el centro de debates científicos, políticos y sociales del país. Se constituyó en foro abierto incluso para los debates de aspirantes presidenciales. En la época cruda de la crisis política de esa década, la UP jamás cerró sus puertas de forma definitiva, de manera que los dirigentes estudiantiles se las arreglaban para ingresar al campus y seguir los debates y las protestas.

Recuerdo las jornadas culturales de verano, cuando diversos grupos de actores se presentaban con temas de sentido ante una sociedad que vivía momentos de tensión. Las cafeterías, en especial la de Humanidades, eran epicentro del cruce de opiniones de alto nivel. A pesar de que no existían los celulares, la comunicación era fluida, la juventud estaba ávida de la lectura y los líderes estudiantiles no eran solo meros recitadores de consignas.

No viví la década de 1970 en la UP, pero sé por referencias documentales y orales que era un hervidero de luchas políticas, sobre todo las que apuntaban a la descolonización de Panamá. Con la llegada de Gustavo García de Paredes la UP empezó un periodo de estancamiento en todo sentido y se convirtió en un modelo de lo que la “politiquería” hacía con el país, a través del clientelismo. García de Paredes fue el arquitecto de la desmovilización estudiantil y se las ingenió para reducir a los cuadros y dirigentes más granados. Muchos comparan su administración con la de Martinelli por la capacidad de desmovilizar tocando las fibras sensibles de las necesidades y la baja autoestima de las personas. Cuando faltan pocos meses para la elección de un nuevo rector urge revisar aspectos nocivos en la evolución de este centro, como los siguientes:

1. Frenar la política de nepotismo con el nombramiento de familiares en distintas instancias. Hay esposas, sobrinos, tías, etc. nombrados por superiores para garantizar la cuota electoral del rector que intentó, fallidamente, su reelección.

2. Revisar los casos de corrupción como el de la Fundación de la UP, receptora de fondos cuya cuantía y procedencia se desconoce, e investigar la venta o alquiler de hectáreas a precios irrisorios. Si hay causal, detener y llamar a juicio.

3. Reducir la planilla abultada de gente que no hace nada. Hay centros “brujos” de investigación que se le otorgaron a supuestos ideólogos de grupos estudiantiles, como trofeo por su silencio.

4. Adecuar y aplicar con rigor la llamada “Ley Faúndes”. No puede ser que profesores octogenarios den clases en muletas, andaderas y con el “librito” de hace décadas, solo para cobrar su jugoso salario. Los docentes y profesionales jóvenes también merecen su oportunidad. Hay profesores que ostentan varias maestrías y doctorados, pero no han escrito ni una volante, ni siquiera leen el período para enterarse de lo que pasa en el país y en el mundo.

La Universidad de Panamá merece un futuro mejor. El próximo rector debe ser alguien comprometido con el rescate de la academia y con valores y principios acordes con lo que la coyuntura actual requiere.

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