COLUMNA INVITADA

Urbes para los seres humanos: Raúl González García

Para el año 2050, cerca del 75% de la población mundial vivirá en suelos urbanos, según un estudio realizado por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales, de la Organización de Naciones Unidas. Este añade que solo la población urbana alcanzará los 6 mil 300 millones, mientras que hoy día el total de la población mundial se sitúa en torno a los 7 mil 400 millones. Esto, debido a un crecimiento masivo de las ciudades en el continente asiático y africano. India, China e Indonesia son algunos de los países que impulsarán este incremento.

El pasado mes de abril tuvo lugar el II Congreso de Ciudades Inteligentes, en Madrid. En él se plantearon debates sobre los nuevos modelos de ciudad y qué necesitan para satisfacer a sus residentes; ahora más que nunca, puesto que la masificación de los ciudadanos es una realidad, la contaminación es alarmante en las grandes urbes y la tecnología abre nuevos caminos y posibilidades. Salen a relucir conceptos como el de ciudades inteligentes.

Las ciudades inteligentes son el resultado de la necesidad cada vez más imperiosa de orientar nuestra vida hacia la sostenibilidad. Así, estas ciudades se sirven de infraestructuras, innovación y tecnología para disminuir el consumo energético y reducir las emisiones de CO2. No obstante, este modelo es cuestionado por algunos expertos.

“La ciudad inteligente es una idea equivocada presentada del modo equivocado a la gente equivocada”, señala Dan Hill, experto en urbanismo. “Todo el debate alrededor de las ciudades inteligentes aún no ha sido capaz de responder a algo tan sencillo como cuál será el impacto que la adopción de las tecnologías por parte de las ciudades tendrá en el día a día de las personas que viven en ellas”.

Defienden que no debemos olvidar que la ciudad, antes que inteligente o tecnológica, es humana. Los ciudadanos deben estar y sentirse integrados a una con su núcleo urbano, que es una consecuencia y un reflejo directo de la sociedad. Y que por tanto, una ciudad autómata que actúe por sí sola y que no haga partícipes a sus residentes es un error. Reclaman una ciudad donde lo humano esté por encima de lo tecnológico.

“Las ciudades inteligentes serán aceptables en la medida que sigan un enfoque de abajo a arriba, participado por los ciudadanos”, asegura Hill. “Por ello, es fundamental facilitar y promover el acceso a herramientas y mecanismos que permitan el desarrollo de las ciudades; no solo otorgar a los habitantes un rol pasivo como usuarios de las tecnologías, sino aprovechar su condición de ciudadanos inteligentes e involucrarles en un proceso compartido”.

La tecnología es un buque que recorre los mares con todo un mapa por descubrir. Pero sin olvidar que son humanos quienes dirigen el barco; y que cuando funcionan juntos pueden llegar a cualquier parte.

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