SOCIEDAD

¡Urge unirnos!: Víctor Paz

Ya basta de denigrar tanto al trabajador panameño diciéndole vago, grosero y desagradecido. O peor aún, comparándolo con emprendedores extranjeros, cuando se dice que “tal” nacionalidad es mejor que la nuestra. Lo que más me indigna de este tipo de comentarios es que proviene de panameños que hablan mal de los connacionales, sin entender que al hacerlo dejan mal a Panamá. Es como si alguien, por hablar mal de su hermano, insultara a su propia madre.

El emprendedor extranjero (chicheros, buhoneros, técnicos o profesionales) es una clase aparte de su nacionalidad. Alguien valiente y decidido, que rebasa el promedio social del lugar de donde vino, para aventurarse a buscar mejores expectativas de vida. La mayoría proviene de países con problemas sociales mayores a los nuestros, que protegen mucho más al empleador que al trabajador. Eso tampoco implica que todos los inmigrantes sean emprendedores, ni “buenos” o mejores que los panameños, tal y como se nos quiere hacer creer.

Es cierto que los panameños somos “reservados” en comparación a ciertos extranjeros que se pasan de histriónicos, imprudentes y confianzudos. Tenemos una mezcla racial con prevalencia de indio y negro, lo que nos hace callados y reactivos-pasivos, denotando cierto aire de hostilidad. Somos lentos, pero no tontos, de lo contrario no tendríamos tantos campeones mundiales de boxeo. Eso no quiere decir que seamos malas personas, simplemente nuestra historia de explotación obrero-patronal y el intelecto colectivo, nos enseñaron a “no dejarnos de nadie”.

Quizás no seamos muy duchos en cuestión de presencia, elegancia y belleza hecha. Cuando se nos provoca, vamos de frente, duélale a quien le duela. Pero, por lo general, somos reservados, no hemos desarrollado la cadencia ni la capacidad de mediación, algo que nos pone en desventaja con ciertos extranjeros que se pasan de locuaces y atorrantes. Aguantamos, como burros, o confrontamos, súbita y de forma violenta. Pero en general, somos un pueblo sabio que ha permitido durante toda su historia que lo gobierne gente de razonamiento comprometido al bolsillo. Oportunistas como esos, empezaron a vender Panamá por pedazos, con los ciudadanos incluidos, como si fuésemos peones de carga o burros de azote.

Tenemos profesionales de alta calidad, en comparación con otros países. Los estadounidenses nos heredaron buenos estándares en casi todas las disciplinas y profesiones. Nuestras carreras universitarias más exigentes son copias aclimatadas de las de ellos. Manejamos mejor que muchos otros latinoamericanos el concepto de especialidades, canales, orden y segmentación organizacional. Pero nos dejamos sugestionar y, aún más triste, en nuestro propio país. Porque también, somos individualistas y muy poco solidarios.

¡Urge unirnos! Aprender a querernos y a corregirnos entre nosotros mismos, en lugar de maltratarnos los unos a los otros. Hemos cedido el país a sus peores hijos, a los corruptos que lo entregaron a los malos extranjeros, esos que lo desangran, mal hablando, mal haciendo y mal queriendo a nuestros paisanos.

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