FALLOS Y ACIERTOS

Varela, 12 meses de gestión: Rafael Mezquita

La ciudad hospitaliaria: Álvaro Lasso Lokee La ciudad hospitaliaria: Álvaro Lasso Lokee
La ciudad hospitaliaria: Álvaro Lasso Lokee

El entonces candidato Juan Carlos Varela recibió el voto de la mayoría del país en mayo de 2014 para que investido presidente, terminara con el componente funesto de la era Martinelli. Ese gobierno se caracterizó por el logro de dos objetivos encontrados: Lo bueno, altos niveles de gestión presidencial dirigida a priorizar la inversión pública, para lo malo, maximizar la apropiación indebida de recursos públicos, o sea, potenciar la percepción de corrupción.

Tras 12 meses de gestión, el presidente Varela deberá ser evaluado en su capacidad demostrada de gestionar los recursos (financieros, administrativos, tecnológicos y de personal) para mantener y/o aumentar la inversión pública y lograr los objetivos de su gobierno, pero sin ser percibido como otra administración corrupta.

Además, Varela necesita mantener un estado de ánimo colectivo para que se sienta que vamos por buen camino. Para lograrlo debe sostener el paso para devolverle a la nación y al estado de derecho, el respeto a sus instituciones; a la democracia, la necesidad de consultar y consensuar sus decisiones estratégicas y a los ciudadanos, el poder vivir en paz, sin sobresaltos ni insultos y sin violaciones a nuestros derechos humanos, que fueron las formas de gobernar del pasado inmediato. Debe, también, trabajar en el cumplimiento de los objetivos dirigidos a elevar la calidad de vida de la población, mediante la ejecución de los planes, programas y proyectos públicos prioritarios establecidos en el plan de gobierno 2015-2019.

Al cierre de su primer año, Varela lidera un gobierno con bajo grado de inversión, altos niveles de lucha anticorrupción, con una gestión tan irregular como su gabinete y una aceptable percepción favorable, pero con tendencia a la baja.

Conocido es que entre enero y abril del año electoral, los gobiernos de turno le meten el pie al acelerador y con claros fines electoreros aumentan los presupuestos de funcionamiento e inversiones y sus respectivas ejecuciones. Como era de esperarse, el de Martinelli superó con creces esa conducta clientelar. Por eso es tan baja la ejecución presupuestaria relativa y reflejada del primer cuatrimestre de 2015 en comparación al mismo período de 2014.

La administración Varela mantuvo la ejecución de los proyectos heredados en infraestructura de vialidad, aeropuertos, transmisión eléctrica, agua potable y alcantarillado e inició con buen tino la realización del programa masivo de viviendas en Colón. Sin embargo, suspendió temporalmente la ejecución de la mayoría de las inversiones heredadas del gobierno anterior en infraestructura hospitalaria, educativa, seguridad, comercialización agropecuaria, deportiva, turística y local, a fin de revisar sus procesos de adjudicación y ejecución. Ha transcurrido un año y el Gabinete aún no toma decisiones en firme al respecto de la mayoría de las obras suspendidas, lo que perjudica en materia de empleo e inversión.

La suma de estas razones, junto al terror escénico de no verse envueltos más adelante en la subidera de escaleras de las fiscalías anticorrupción, ha generado parálisis en los ejecutivos del gobierno con consecuencias palpables en los bajos niveles de ejecución de los presupuestos de inversión y de funcionamiento. En salud se observan los casos extremos de falencias en funcionamiento: atrasos en la dotación de medicamentos, material quirúrgico y de reactivos para los análisis de laboratorio y la mora en operaciones críticas.

El combate a la corrupción, a pesar de que no es una responsabilidad constitucional del Ejecutivo, es una de las áreas en las que más se observa la dinámica del primer año. El acoso mediático ha sido implacable y la ansiedad social se tensa en espera de alguna condena que tardará en llegar. Mientras tanto, la tolerancia social a la mínima desviación percibida en el cumplimiento de la ley se irá achicando y el ciclo se cerrará cuando los casos de presunta corrupción pasen de la Procuraduría a los tribunales y los primeros resultados en firme se logren, con suerte, en el último año de este gobierno. Tales fallos fortalecerán o debilitarán la imagen del Ejecutivo.

Varela podrá mostrar en su primer año que dirige un gobierno distinto al anterior. Uno más cerca de la gente, respetuoso de las instituciones, del estado de derecho, de la separación de poderes y de los derechos humanos. Pero si la inversión pública no se reactiva y la justicia no muestra resultados, el estado de ánimo social podría deteriorarse tanto que el presidente Varela y su gobierno tendrán, con seguridad, un segundo año menos dado al disfrute de la luna de miel política de sus primeros 12 meses de gestión.

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