INDIFERENCIA REGIONAL

Venezuela bajo el yugo: Enrique Jaramillo Levi

La situación actual de Venezuela llama la atención del mundo, no precisamente por sus logros políticos, sociales, económicos o culturales sino, al contrario, por las inmensas dificultades que sufre el pueblo de ese país hermano debido a la manifiesta incapacidad de su gobierno autocrático, que frena todos los niveles de su desarrollo integral y pone de manifiesto crecientes estridencias cotidianas en cada noticia que genera la altiva patria de Bolívar.

El pésimo manejo en la administración pública y el irrespeto a los derechos humanos, a causa de una política fanática e ideologizada por el régimen, primero de Hugo Chávez y luego de Nicolás Maduro, es digno de una condena continental, no de celebración. Vergüenza deberían sentir los gobiernos de la región que, por intereses comerciales y una “corrección política” mal entendida, callan los atropellos que a diario se infligen al pueblo venezolano. Los panameños mucho supimos de esa sistemática indiferencia regional cuando padecíamos el prolongado acoso de la larga dictadura militar.

Ahora que en Panamá se celebra con bombos y platillos la VII Cumbre de las Américas, con la asistencia de numerosos mandatarios del área y múltiples delegaciones de variado calibre que participan en foros paralelos, el momento es propicio una vez más para llamar la atención de tirios y troyanos sobre algunas de las más graves violaciones a la libertad de expresión que ocurren de forma cotidiana en Venezuela. La detención arbitraria y antijurídica, en una cárcel militar, de los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma, entre otros presos políticos, debería ser motivo de reflexión y alarma en el continente.

En Venezuela hoy no se permite el disenso, y queda claro que habrá de reprimírsele con mayor rigor y saña cada vez que surja la represión en las manifestaciones pacíficas a punta de golpes, bala y arbitrarios arrestos; censura permanente a los medios de comunicación y, a últimas fechas, incluso a las redes sociales; violencia e intimidación en las cárceles; maleantería irrefrenable en las calles, sobre todo en Caracas; un sistema judicial totalmente controlado desde la cúpula del poder; corrupción galopante y descarada; penetración de la inteligencia cubana tanto en el rejuego mediatizado de la política local como en el asedio a la oposición y a lo interno de los estamentos militares del país…¿De qué soberanía y autodeterminación nos habla el régimen venezolano? ¿De qué dignidad?

Súmesele a todo esto la inflación galopante que castiga a los venezolanos y la ofensiva escasez permanente de los productos básicos, y tendremos un panorama somero de la creciente torpeza económica y miseria humana que hoy priva en ese país. Y lo peor es la inmensa frustración, tras repetidas represiones públicas, al no poder protestar los ciudadanos sin ser agredidos y tildados de conspiradores proimperialistas derechistas que merecen cárcel y escarnio sin consideración alguna. Es decir: ¡los pájaros (recuérdese al “pajarito” con el que sentimentalmente hablaba Maduro convencido de hacerlo con el fantasma de Chávez) tirándole a las escopetas!

Las ideologías absorbentes, intolerantes de otras visiones de mundo, al igual que el fanatismo religioso, no redimen sino que castran so pretexto de consolidar un ideal. Y al ser reduccionistas, solo entienden su propio lenguaje, por lo que tienden a terminar con todo lo que se les oponga o les haga sombra. Pero tarde o temprano se emparejan las cargas. La Unión Soviética, al igual que sus países forzadamente satélites, con todo su inmenso poderío acabó derrumbándose bajo el peso de su propia descomposición. Y la China comunista es hoy una gran potencia capitalista, si bien políticamente el sistema continúa oprimiendo a su pueblo, coartándole las libertades cívicas.

Cuba misma, bastión longevo del socialismo en América Latina, hoy negocia acuerdos cómodos con Estados Unidos, y empieza a retomar gradualmente el camino de la libre empresa, si bien de forma rígida y controlada aún por el poder omnívoro del Estado, y asfixiados todavía los derechos humanos de los disidentes, al igual que ocurre con su émulo Venezuela. No queremos eso para Panamá, la abolición del partido del Suntracs así lo puso de manifiesto en las pasadas elecciones mediante el voto popular.

Lo que ocurre en Venezuela es incompatible con la sensatez, la justicia y el progreso verdadero que merece toda nación que se respete. Pero sobre todo, es contrario al derecho de los pueblos de darse un gobierno que no solo los represente en los foros con discursos que buscan proselitismo, sino que les permitan respirar. Tan simple como eso. Y, evidentemente, hoy no es un país feliz, por lo que su pueblo tiene absoluto derecho a la disidencia.

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