SISTEMA DE JUSTICIA

Ventajas de ser ´mono gordo´: Querube del Carmen Henríquez

Acuño este panameñismo en el título de la presente opinión, porque ha estado en boga en los últimos meses. El panameño habla de mono gordo, cuando se refiere a aquel individuo (mujer u hombre) que percibe como “intocable” por los brazos de la justicia. Me temo que ya no se trata de una simple percepción.

Hay monos gordos de todas las edades, razas y nacionalidades; pero el común denominador es pertenecer a un petite comité, ya sea porque se ha amasado una fortuna o porque ha estado o está conectado de alguna forma al gobierno de turno (como funcionario, colaborador, asesor, o familiar de los anteriores). Su condición de “mono gordo” cobra protagonismo cuando se le expone a la luz pública su relación con manejos irregulares, desfalcos u otros delitos. He allí cuando empieza lo que muchos denominan, con justa razón, “show´ mediático”. Luces, cámara, acción: entrevistas periodísticas aquí y allá (protagonismo) y el empleo de abogados para la “dizque” batalla legal (“los mismos de siempre”, abogados que se autoproclaman expertos en la materia). Seguidamente, los monos gordos son citados ante la autoridad que investiga el caso y, después de dar su versión de los hechos, se les impone una tibia medida cautelar (a veces ni eso), que va en proporción (pareciera) con su condición de mono gordo.

La medida cautelar que se aplica casi que obligatoriamente (si es que se aplica) a un mono gordo, es el mal llamado “país por cárcel”. Pareciera que nunca hay mérito para una de mayor rigurosidad. El país por cárcel significa que andas libremente por todo el país y hasta puedes viajar al extranjero, si un juez lo autoriza. No es cierto que el país se erige en tu cárcel; recuerden que en la cárcel no se va al mall, no ves a tu familia todos los días y no puedes comer langosta. Nosotros, como juristas, nos preguntamos, ¿cuáles son los presupuestos (además de los que conocemos por ley) y/o factores que se están considerando al aplicar las medidas cautelares? No se trata de detener a una persona caprichosamente o por calmar el clamor de un pueblo, ansioso de justicia no selectiva, sin fueros o privilegios. Ciertamente, el agente de investigación (procurador, fiscal o personero) antes de ordenar una detención, debe examinar los presupuestos de ley y las pruebas que obran en el expediente. No se trata, tampoco, de que nos alegremos o encontremos satisfacción en que un mono gordo caiga “preso”, pero es inevitable percibir la aplicación de un criterio selectivo en este aspecto de la justicia panameña. Y se acrecienta más aún esta percepción, cuando observamos que nuestras cárceles están abarrotadas de extranjeros detenidos preventivamente (no en cumplimiento de condena, sino en espera de que culmine su investigación o de juicio), por ejemplo, por delito de blanqueo de capitales; mientras vemos a monos gordos investigados por este mismo delito que gozan de libertad, con país por cárcel, a la espera de sus veredictos finales. Y qué decir cuando hay dos personas que son investigadas por un mismo caso, ambas vinculadas formalmente a través de una diligencia de indagatoria, pero al momento de imponerles medidas cautelares, a una se le manda “pal bote” y a la otra se le otorga país por cárcel, mientras podrá seguir laborando, hacer turismo interno y shopping navideño, aguardando un juicio que tal vez nunca llegue. Ni hablar de la cantidad de detenidos gravemente enfermos (Pablo pueblo, nunca monos gordos), a quienes una medida de “hospital por cárcel” les favorecería su salud, pero como no tienen abogado que la solicite por ellos, muchas veces no son escuchados y mueren en aquellas frías cárceles.

¿Cómo pretender que estas circunstancias no despierten malestar y suspicacia en el panameño hambriento de justicia transparente, equitativa e igualitaria? Ser mono gordo tiene sus ventajas, pregúntenle a esos exfuncionarios y expresidentes a los que el brazo de la justicia no les ha llegado ni les llegará (a pesar de las investigaciones que se han realizado y en las que se ha invertido dinero y recurso humano sufragado con el pago de sus impuestos y los míos).

Escucho decir a muchos panameños: “la justicia y la cárcel son para los pobres”. Me niego a hacer mía esta frase, porque aún, a pesar de todo, confío en nuestro sistema de administración de justicia. Pero lo que sí es evidente y tangible, es que ser mono gordo te brinda ventajas en este ámbito (y en muchos más). He allí, una razón más por la que tal vez muchos ansían ser parte de los gobiernos.

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