CONVERSACIONES.

Entre Washington y El Gorilato

WASHINGTON, D.C. –Como el presidente Martín Torrijos viene a Washington el martes, quiero repasar una vez más lo que sabemos del respaldo que los estadounidenses pueden estar dando al plan torrijista para remilitarizar al país. Escribí en este espacio en agosto que el portavoz de la Embajada de Estados Unidos había negado categóricamente que su país esté apoyando, mucho menos “exigiendo”, los cambios en la estructura policial del país, y que esa negación me parecía creíble; pero desde entonces he recibido información adicional sobre el punto.

Dos analistas que siguen esto de cerca sostienen que lo que ocurre es que el Departamento de Estado está en contra de la remilitarización, mientras que el Departamento de Defensa está a favor. Eso explicaría las negaciones del vocero de la Embajada (porque el Departamento de Estado es quien manda en las embajadas) y es consistente con lo que aprendimos en la última etapa del noriegato, donde hubo pugna abierta entre el Departamento de Estado (que quería deshacerse de Noriega) y el Departamento de Defensa (que lo protegía). También es consistente con el hecho del estadounidense que más ha defendido remilitarizar al país es Barry McCaffrey, el general que fue jefe del Comando Sur.

Pero Jorge Gamboa Arosemena, conocido líder panameñista, me escribió insistiendo que la Embajada sí apoya las reformas militaristas. “Que no quieran trasladar la base de Manta, o que no pongan la remilitarización como condición sine qua non para aprobar el TPC, aunque resulte difícil de creer, puede ser cierto, pero de que han metido las manos en lo de la unificación del naval y el aéreo como lo de los fronterizos, me lo confesó Bryan Naranjo, agregado político de la embajada”, escribió Gamboa Arosemena.

Según éste, Naranjo le habló en enero de diversos temas, incluyendo el proyecto constituyente. Citaré textualmente del relato de Gamboa Arosemena para no perder lo folclórico del relato: “Él me devaluaba el proyecto [constituyente] y yo le argumentaba a favor. De repente le introduje el tema de la fusión del Servicio Marítimo y el Aéreo y le espeté que ellos estaban detrás de ello y que hacían peligrar nuestra democracia. Me dijo que ellos no lo impulsaban, que lo impulsaba el Gobierno, pero que ellos estaban dándole todo el asesoramiento, a lo que yo le dije que ‘tan culpable es el que mata la vaca como el que le agarra la pata’ y ahí seguimos intercambiando. También me justificó que no solo era necesaria la unión de los dos servicios sino mejorar el Servicio de Fronteras, porque estábamos al socaire de los narcos y los terroristas. No me habló de decretos, porque tal vez para esos momentos no los hubiera, pero insistía en nuestra debilidad en seguridad y que necesitábamos los cambios. Debatimos por un buen rato sin convencernos uno a otro y nos despedimos”.

Pedí reacción de la Embajada estadounidense y su respuesta fue reiterar que ellos no están detrás de las reformas de seguridad.

Mientras tanto, traté otra avenida de investigación. Viendo que tanto el presidente Torrijos como el ministro de Gobierno y Justicia (Daniel Delgado Diamante -DDD-) se han reunido recientemente con el secretario de Defensa, Robert Gates, pregunté en el Pentágono si se ha programado una reunión allí cuando Torrijos venga a Washington esta semana. (Inútilmente he pedido que la Presidencia divulgue la agenda de Torrijos). La respuesta fue: “es nuestra política no hablar por adelantado de la agenda del secretario Gates”. Eso me parece extraño, porque el año pasado no tuve problema alguno con lograr que el Pentágono confirmara de antemano que Torrijos y Gates tendrían una reunión que yo tildé de “secreta”, porque no aparecía por ningún lado en la agenda que la Presidencia había entregado a los medios. En esa ocasión, se me dijo que Torrijos y Gates hablarían “de una gama de temas de seguridad”, pero jamás se expuso públicamente lo que se había discutido.

Luego, Torrijos volvió a reunirse con Gates cuando vino a Washington en mayo. ¿De qué hablaron? Nunca se informó públicamente, pero Torrijos salió de la Casa Blanca prometiendo apoyo para el Plan Mérida, del cual circulan toda clase de conjeturas oscuras (que la Embajada norteamericana también niega). Después de eso, DDD vino a Washington en julio y se reunió con Gates mientras, simultáneamente, lanzaba su plan de remilitarización. Según DDD, Gates reaccionó “con entusiasmo” a la propuesta y prometió 10 millones de dólares en apoyo.

De todo esto, cada quien sacará su propia conclusión.

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