ECOLOGÍA

Zona muerta: Teódulo Moreno Peralta

La plataforma continental a orillas del golfo de México tiene un área con poca vida de peces, conocida como la “zona muerta”. Allá las plantas verdes, entre ellas las algas, de día efectúan la fotosíntesis que libera oxígeno, pero como también respiran lo consumen liberado, estableciéndose así un equilibrio. Sin embargo, de noche sin la presencia de la luz, las algas solo respiran consumiendo más oxígeno.

Uno de los elementos fundamentales en la vida de las plantas y animales es el nitrógeno, abundante en la atmósfera (78%) en forma de N2, pero las plantas y animales, en su gran mayoría, no lo pueden usar en esta forma, y los suelos son generalmente deficientes en nitrógeno asimilable. Debido a la agricultura en la cuenca del río Misisipi, al uso masivo de abonos nitrogenados y a que parte de este se disuelve y es arrastrado por el río hasta el golfo, las algas (con este aporte adicional de nitrógeno) se reproducen más y al consumir más oxígeno, los peces desaparecen y crean la zona muerta de más de 22,000 Km2.

Cuando estas algas mueren son descompuestas por microorganismos que al no efectuar la fotosíntesis no liberan oxígeno, pero sí lo consumen en grandes cantidades, lo que agrava la situación.

Estas aguas también arrastran una serie de residuos químicos como herbicidas, insecticidas, fungicidas, nematicidas, etc. que producen mutaciones y que no solo afectan el somatoplasma (lo corpóreo), sino al germoplasma (lo sexual). Así, el 25% de las corvinas capturadas en el golfo de México en vez de ovarios presentan testículos. Este fenómeno es de gran importancia porque demuestra que la contaminación ambiental perjudica aspectos orgánicos en los peces, al igual que en el resto de los seres vivos. En el hombre, además, esto puede tener consecuencias sicológicas.

Lo que sucede en la cuenca del Misisipi también se registra en otras cuencas donde la agricultura es importante. He aquí lo conveniente de consumir alimentos producidos naturalmente, también llamados orgánicos, o sea, sin la intervención de químicos y del uso de organismos modificados genéticamente, siendo esto casi una utopía.

G.W. Leibnitz nos dijo que este mundo es el mejor de los posibles, porque todo está ordenado para lo mejor. Eso es cierto desde el punto de vista ecológico, debido a que hemos emergido satisfactoriamente a través de 3 mil millones de años de evolución, los peces nos están demostrando que la contaminación ambiental nos pone en peligro. En el mar han depositado miles de toneladas de material radiactivo y, actualmente, tras el desastre de Fukushima se vierte diariamente más material radiactivo al mar.

Los océanos, en su conjunto, no pertenecen a ningún país en particular, sino a la humanidad del presente y el futuro. Es una responsabilidad ineludible e intransferible cuidar la salud de esos ecosistemas.

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