DERECHOS HUMANOS

En el amanecer de la República: Manuel Cambra

La nueva República de Panamá, proclamada hace 109 años, vivió en su alborada momentos de miseria y altruismo, valentía y compasión. Algunos episodios han sido débilmente recordados u olvidados del todo. Es oportuno rescatar la memoria de fray Bernardino García de la Concepción, personaje vinculado a nuestra independencia, con una visión de los derechos humanos que tardó 50 años en ser promulgada y aceptada.

España transitaba por una severa crisis colonial; el motivo principal era la pérdida de la isla de Cuba en 1878, durante la guerra hispano-estadounidense. La atención de España se vuelca hacia Filipinas, su principal colonia en el Oriente. No obstante, en 1896 estalla la guerra independentista y en 1898, el archipiélago de las Filipinas fue cedido a Estados Unidos de América. Tales conflictos provocaron una persecución en contra de las misiones católicas y, como consecuencia directa, la huida de muchos religiosos.

Unos 30 frailes agustinos recoletos perecieron en Filipinas; otros fueron enviados a Colombia y Venezuela. Esta fue la suerte de nuestro personaje, fray Bernardino García, que arribó a tierras istmeñas el domingo 16 de abril de 1899, a bordo del vapor Acapulco, con varios compañeros de la orden. Sus compañeros lo dejaron a bordo del vapor, con el fin de que custodiara la carga; fray Bernardino se vio obligado a confrontar las exigencias del capitán de la nave, que le exigía un pago inesperado, cuando en eso se presentó don Santos Jorge Amatrián, ciudadano de origen español; se habían conocido en el colegio agustiniano de Marsilla, en España. En nombre del obispo de Panamá, monseñor José Alejandro Peralta, don Santos Jorge Amatrián brindó un cordial recibimiento a fray Bernardino y se hizo cargo de todo. Las circunstancias ponían frente a frente a dos personajes que tendrían una participación destacada en acontecimientos importantes de la vida nacional

El 15 de mayo de ese año, fray Bernardino fue encargado de la Residencia de San José, en la avenida A del barrio de San Felipe. En junio fue designado vicario de esa antigua iglesia que empezaba a sufrir los rigores del tiempo. Inicia la restauración, mientras atiende el ministerio y los rituales religiosos, tarea a la que se dedica los próximos 11 años. Varios de sus compañeros corrieron otra suerte; partieron en misiones a Chepo, Pacora y Darién y algunos sucumbieron a la fiebre amarilla.

Fray Bernardino García fue testigo presencial de la guerra entre liberales y conservadores que estalló en 1899, el mismo año de su llegada. Necesitaban sus servicios, por lo que fue nombrado capellán del Batallón Colombia, con rango de sargento mayor o comandante; calificación impropia para un humanista de su talla. Impartía clases de religión a la tropa, ayudaba a trasladar a los heridos en las ambulancias. En compañía de la señorita María Arias, fundó un hospital de sangre para atender a las víctimas del conflicto, sin distinciones de bando. Tres años duró esa guerra fratricida, durante los cuales la actuación de fray Bernardino fue un genuino reflejo de los conceptos que animaron a Henri Dunant en la creación de la Cruz Roja (1864), haciéndolo merecedor del premio Nobel de la Paz, en 1901.

Fray Bernardino se ganó la confianza de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, a tal punto que dejaban a su cuidado y discreción, la solución de muchos graves y delicados asuntos. Su actitud humanitaria no podía ser vista de otra manera, por lo que fue distinguido con honrosos nombramientos.

En 1900, fue nombrado profesor de religión de las escuelas municipales; años después, ejerció el profesorado en los primeros colegios secundarios oficiales de la República. Entre 1899 y 1903, Panamá fue azotada por una epidemia de fiebre amarilla; fray Bernardino visitaba con frecuencia los hospitales para auxiliar a los enfermos y moribundos. Llegó a presidir la junta del Asilo Bolívar y también fue su tesorero, logrando su reconstrucción y la adición de nuevas salas para mujeres y hombres.

Dramáticos acontecimientos vinculan la actuación de fray Bernardino García a nuestro devenir histórico. En 1902, presidió las honras fúnebres de Carlos Albán, gobernador militar del Departamento del Istmo, que falleció a bordo del buque Lautaro. El 15 de mayo de 1903, fray Bernardino fue testigo de la infame ejecución de Victoriano Lorenzo Troya, aguerrido combatiente coclesano que luchó por la libertad de su pueblo y fue fusilado en la Plaza Chiriquí, hoy Plaza de Francia.

Seis días después del fusilamiento del caudillo liberal, el 21 de mayo e 1903, La Estrella de Panamá publicó una crónica de fray Bernardino García, que constituye un desagravio a los ataques y burlas de los que fue objeto el cholo coclesano. El pensamiento de fray Bernardino es un legado a los valores de nuestra República y una expresión de los derechos humanos, no proclamados aún en aquella fecha. Unos meses más tarde, el 20 de diciembre de 1903, correspondió a fray Bernardino bendecir la primera bandera de la naciente República de Panamá, acto que el reconocido artista Ivaldi inmortalizó en uno de sus óleos.

Luego de una fructífera labor en Panamá, tras habernos honrado con su impronta, como defensor de los derechos humanos al lado de una víctima de la injusticia, y con el bautizo a la bandera nacional, símbolo de nuestra soberanía, fray Bernardino García de la Concepción parte hacia España, el 12 de marzo de 1910.

El advenimiento de la guerra civil española generó fuertes persecuciones contra el clero, desatadas por el gobierno republicano. Fray Bernardino buscó refugio en la Embajada de Panamá, en Madrid, que de inmediato le brindó protección. Era lo menos que podían hacer los panameños por este gran testigo presencial del nacimiento de nuestra República, hombre de altos valores y humanitarios sentimientos. Permaneció en la sede de la embajada hasta su fallecimiento, a causa de un infarto que le sobrevino el 7 de enero de 1937, en una de las habitaciones de la embajada.

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