RELACIONES

Te amo, pero...: J. Enrique Cáceres-Arrieta

El grueso de nuestras relaciones sentimentales no es de amor. ¿Cómo sé? El árbol se conoce por sus frutos. Buena parte de esas relaciones son de dependencia y/o codependencia. Apego. Asimismo, es búsqueda desenfrenada para llenar vacíos existenciales. Que otra persona nos haga felices. Jugamos, según el sicólogo Steve Karpman, roles de salvadores, víctimas o perseguidores.

Los “salvadores” ayudan a cambio de mantener la dependencia de los demás hacia ellos. Requieren víctimas. Si no las hallan, las inventan. Por ser inauténtica su colaboración, se quejan constantemente de sus esfuerzos. Manifiestan que se aprovechan de su generosidad. Consideran que los otros los necesitan, y asumen la responsabilidad de solucionar problemas de sus víctimas, pues creen que no pueden pedir ayuda ni resolver su situación.

Las “víctimas” se las ingenian para hacer mal las cosas; autosabotearse. Envían mensajes implícitos y explícitos quejándose de su indefensión. Su comportamiento es autodestructivo y provocan su humillación o sufrimiento. Fingen estar desconcertadas. Su actitud ante la vida suele ser: “Yo estoy mal, tú estás mal y vamos a arreglárnosla para que yo esté peor”. O “yo estoy mal, tú estás bien y quiero que te hagas cargo de mi malestar”.

Los “perseguidores” se comportan agresivamente. Desean satisfacer sus necesidades y actúan pensando solo en su interés, poniendo a los demás en situaciones difíciles de sufrimiento, humillación. Su eslogan es: “Pisa antes de que te pisen”. Su juego preferido es “te pillé”.

Eric Berne, sicólogo y creador del Análisis Transaccional, asegura que “transaccionamos” con nuestros estados del yo: padre, adulto o niño. En general, nuestras relaciones sentimentales son de apego. Adicción a las relaciones y/o al sexo. Interactuamos con el niño interior, impidiendo que el adulto interno piense, razone y tome entendidas decisiones. Somos más emocionales que racionales. Adhesiones sexuales, emocionales, sentimentales, económicas lo confirman. Así no se crece, no se madura. No hay cambios caracterológicos. Se invaden espacios, se irrespetan límites, se levantan muros. Abuso y maltrato son “normales”. Son relaciones enfermizas culminadas en peleas, amargas discusiones, resentimientos, odios. O, a fin de evitar escándalos públicos, se usan máscaras. ¿Conoces matrimonios o noviazgos que terminen en buenos términos? ¡Pocos!

¿Qué busca el humano promedio en una relación? Suplir carencias de amor y afecto. Superar sentimientos de abandono y rechazo surgidos en la niñez por abandono, repudio y humillación de progenitores abandonantes y abusadores. Somos gregarios. Por sentido de pertenencia buscamos compañía, sociedad, clubes, grupos. Conforme necesidades e intereses, nos agrupamos. Muchos sienten fobia a la soledad ignorando que es bálsamo para sanar heridas que inflige una relación conflictiva y de apego. Ese no querer estar solos impele involucrarnos en relaciones tóxicas que fenecen de pena, llanto, amargura.

“Te amo, pero puedo vivir sin ti” es muestra de que a pesar de que ame a mi cónyuge puedo vivir sin ella. Soy dueño de mi mente, sentimientos, emociones, voluntad. De mi alma. Soy libre. No significa que no la ame. Tampoco que no la quiera o no me importe la relación, sino que el contrato de estar juntos no contribuye al crecimiento y maduración de la relación. Está atrofiada. Es insana.

Querer mucho a alguien no es malo. Pernicioso es que la convierta en imprescindible. Quien vive apegado es vulnerable ante pérdidas. Al tenerlas, querrá morir o hacer locuras. No hay garantía de que mi consorte esté a mi lado toda la vida. Mas es un hecho que viviré conmigo hasta el final de mis días. De ahí lo ineludible de no estar apegado. Aprender a convivir conmigo aun en soledad. Ser adicto al desapego, no obstante, no es libertad sino ser esquizoide. Los humanos no podemos vivir sin afecto. Afecto sin apego. Sin adicción.

Un deseo no es apego. Lo es la imposibilidad de vivir sin él. Que ame a mi mujer no es estar apegado. Pero que la ame más que a mí, es grave. Apego es mi incapacidad de renunciar a la relación conociendo su disfuncionalidad. ¿Por qué la mayor parte de nuestras relaciones sentimentales terminan mal? Principian mal. El noviazgo es casi inexistente; no es tiempo de conocimiento de temperamentos y caracteres, sino de caricias nocivas y sexo egoísta. Si hay algo que apega y tiraniza, es el sexo. Si existe algo que atenta contra una relación, es la intimidad sexual sin compromiso. Me gusta el sexo, disfruto el sexo, mas puedo vivir sin él. Eso es libertad. Si no puedo vivir sin sexo, estoy enfermo. Antes del compromiso, se han relajado las normas. Lo que se diluye antes del compromiso es extremadamente difícil enseriar y que acepte responsabilidad.

El desapego no es indiferencia ni desamor, sino una sana manera de tratar con el sexo opuesto, con mi complemento. El desapego me hace independiente; a no ser posesivo, controlador, opresivo. Estar desapegado es no buscar remplazo afectivo. Un clavo no saca otro clavo. Ello impide sanar y crecer. Es posible amar sin apego. Sin ser suicida. Eso es libertad. Walter Riso escribe: “Una cosa es defender el lazo afectivo y otra muy distinta ahorcarse con él”. @earrieta

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