SOCIEDAD

Algo anda mal en la economía: Rolando Aparicio O.

Expresiones como “pleno empleo”, “vamos ganándole a la pobreza”, “el mayor aumento de salario en 40 años”, “somos la segunda economía más pujante de Latinoamérica” contrastan con la observación clara y evidente de cordones de pobreza, miles de “trabajadores” informales... filas interminables para comprar arroz en las jumbo ferias... deserción escolar.

En un país que se jacta de su índice de crecimiento económico, no debería haber espacio, por ejemplo, para los subsidios estatales. ¿Cómo explican los gobiernos que todos tengamos empleo, pero que no todos podamos siquiera cubrir los gastos elementales para vivir? En este país de tanta riqueza, hay que subsidiar el tanque de gas para poder cocinar, el transporte para poder ir a trabajar y la electricidad.

Hay que sumar, además, un bono de 5 mil balboas para la vivienda popular o un complejo habitacional casi regalado. Cuando ya no se pudo evitar la crítica internacional, por los niveles de miseria de las áreas indígenas, se procedió con la entrega de dinero a los pobres. La salida genial de los economistas fue, desde entonces, dar migajas a los necesitados y evitar invertir lo que ellos realmente necesitan: alimento, salud, vivienda y educación. Los ancianos recibieron igualmente un subsidio, una estrategia sobresaliente para postergar atenderlos con calidad humana; en el país la mayoría de los centros que se ocupan de los ancianos son privados.

Somos testigos de una política económica que trata de cubrir un hueco enorme de inconformidad social, con subsidios y bonos. Estas ayudas económicas proyectan la imagen de un gobierno que se preocupa por sus ciudadanos, sin embargo, sabemos que en el fondo los que gobiernan responden a intereses económicos mundiales de los cuales ellos mismos son partícipes.

Los economistas gubernamentales, de este y anteriores gobiernos, saben que por más subsidios y repartición de dinero que den a los necesitados, esto no los sacará de la pobreza. Están conscientes, igualmente, de que el nivel de corrupción de nuestros países es el primer escollo para lograr una verdadera distribución de las riquezas. No hay que explicarle a estos expertos que, mientras hayan panameños viviendo en extrema pobreza, el modelo económico predominante está fallando en algo. A los miembros del Consejo de Gabinete, reunidos en la Catedral, les dijo el arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa: “Se desconfía de la autoridad, de las instituciones, de las buenas intenciones y hasta de la viabilidad de los proyectos...”. Acto seguido, le preguntan al Presidente: ¿Qué opinión le merecen las palabras del arzobispo? Respondió, brevemente: “Hay mucha desconfianza entre todo el mundo. Muchas veces incentivada por todos. No solo es de un lado la culpa, todos la tenemos...”, mientras que el ministro de Desarrollo Social, “con todo respeto”, piensa que es falso. Los políticos, tarde o temprano, se tendrán que despertar del espejismo de las megaconstrucciones; esperemos que sea a tiempo, así evitarían volver a llamar a la Iglesia para que sirva como mediadora.

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