PROCESOS JUDICIALES

Un año de referencia: Berna Calvit

¡Qué año el que termina! No sería muy acertado, o justo, decir que todos los sobresaltos, decepciones y disgustos que salpicaron 2015 fueron causados por los políticos corruptos. Un mea culpa, un análisis sobre “cómo somos los panameños” debería conducirnos a modificar nuestra conducta individual y colectiva que, en gran medida facilitó que la corrupción escalara a niveles tan altos. ¿Cómo pudo suceder? Con el lenguaje llano y a veces coloquial con el que dice grandes verdades, el carismático Jorge Mario Bergoglio –que como papa Francisco cambió desde su primer día la acartonada imagen del Vaticano– ha dedicado muchas de sus intervenciones a la corrupción institucional y política; a los “mecanismos sutiles a través de los cuales surge la corrupción y erosiona los fundamentos mismos de la moralidad”. ¡Pareciera que hubiera estado viviendo en Panamá! Las verdades de Francisco no son solo para los católicos. “La adoración del antiguo becerro de oro” y “el fetichismo del dinero” que denuncia el Papa, nos ha llevado a la descomposición social que sirve “para sostener la avidez y codicia de los poderosos. La corrupción es un pecado que está en manos de quienes tienen autoridad sobre los demás, porque ellos se sienten poderosos, se sienten casi Dios”. “El corrupto no percibe su corrupción. Es como el mal aliento; son los otros los que se percatan y deben decirlo”. “Una persona se vuelve avariciosa y corrupta a lo largo del camino por la seguridad, el bienestar y el poder que le otorga el dinero, generando también vanidad y orgullo”. Con todas las pruebas debidamente sustentadas de la rapiña de la que fuimos víctimas, hay quienes dicen (todavía) “todos roban y robaron es verdad, pero hicieron”. Ese argumento lo dice todo; nuestra deformación política es una realidad. En este sentido dice papa Francisco: “… se ha vuelto natural, al punto de llegar a constituir un estado personal y social ligado a la costumbre, una práctica habitual en las transacciones comerciales y financieras, en las contrataciones públicas…”. “Es la victoria de la apariencia sobre la realidad…”. Y es paradoja, que la corrupción tolerada como normal (todos roban), es la razón para que nos falte todo aquello que no nos debería faltar.

A pocos días de empezar el año 2015, puso pies en polvorosa Ricardo Martinelli, el artífice de una increíble estructura de corrupción; con efecto dominó han ido cayendo las fichas en el desplome que inició en 2014 el caso Moncada Luna. Como quien suelta una madeja de hilo, día a día nos fuimos enterando de un sinfín de cosas que el común de los ciudadanos desconocíamos; de las dimensiones del estado de putrefacción que carcomía las entrañas del gobierno. Nos habíamos dejado deslumbrar por lo aparente, por proyectos engañosos, espejismos elaborados con gran astucia. Los procesos que la ley contempla están en ejecución; no todos satisfacen y hay razones para objetar tratos “especiales” que despiertan suspicacias. Arrancar de raíz la maleza en los órganos de justicia no será fácil, porque es el dinero y lo material lo que prima sobre valores éticos y morales.

En estos días me entretuve haciendo una lista de los personajes locales que han sido noticia este año. En mis encuestas los finalistas, sin distinciones de conducta (quedan a juicio del lector) son: Juan Carlos Varela, Kenia Porcell, Lorena Castillo de Varela, Gustavo García de Paredes, Odebrecht, Nicolás Corcione, José Raúl Mulino, Rubén Blades, Vernon Ramos, Zulay Rodríguez, Alma Cortés, Chichi de Obarrio, Danilo Pérez, Ana Matilde Gómez, Luis Eduardo Camacho, GUPC y sus filtraciones (coladores), Katleen Levy, Isabel de Saint Malo de Alvarado, Gustavo Pérez, Pipo Virzi, Marta de Martinelli. Y en destacado y deshonroso lugar, el expresidente Martinelli.

Los tropiezos en la ampliación del Canal son motivo de justificada preocupación. En general, las noticias políticas más destacadas no fueron positivas. Aun así, creo que 2015 no es un año perdido. La señora de los ojos vendados salió de su sopor para poner en su balanza a los malandros de alto vuelo; algunos están “pasando agachados” y sería imperdonable que fueran pasados por alto. La rueda de la justicia no debe detenerse, no es persecución ni venganza castigar al delincuente.

En diciembre los cristianos celebran el nacimiento de Jesús; el nuevo año todos lo esperamos con esperanzas renovadas de que sea bueno, deseo que transmito a usted, que me lee. El año 2015 quedó marcado para siempre, un referente en la historia nacional y no por buenos motivos. “¡Ah, fue el año en que Martinelli se fue huyendo! Sí, claro, fue cuando se destapó la cloaca que era el PAN. ¿Y te acuerdas…?”, algunos personajes en esta trama de corrupción han decepcionado grandemente; otros ya eran pillos conocidos y reconocidos. 2015 es año de dolor y tristeza para muchas familias involucradas en las investigaciones. Pero al final, si este aún imperfecto proceso justiciero, que ha sido como un parto doloroso, abre nuevos surcos de decencia y honestidad, debería servir para que este y gobiernos futuros recuerden que “las formas de corrupción que se necesitan perseguir con mayor severidad son aquellas que causan graves daños sociales…”. Palabras del papa Francisco, mi personaje extraordinario del año, un hombre con proyección mundial que condena “la globalización de la indiferencia”.

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