CONMEMORACIÓN

50 años de ‘Nostra Aetate’: Gustavo Kraselnik

Hoy, miércoles 28 de octubre, se cumplen 50 años de la declaración Nostra Aetate (Nuestro Tiempo) aprobada en el Concilio Vaticano II. Su tema es la relación de la Iglesia católica con las religiones no cristianas y tiene un significativo capítulo dedicado al vínculo con el judaísmo.

Después de más de mil 500 años de disputas y desencuentros –no exentos de violencia–, Nostra Aetate marca un punto de inflexión en la dinámica judeo-católica sembrando las bases para un tiempo de respeto y armonía. Además de reconocer que en las distintas tradiciones de fe hay elementos de verdad y santidad, en el apartado dedicado a la religión judía, la declaración destaca el lazo que existe entre ambas comunidades y recuerda el origen judío de Jesús, María y los apóstoles.

La declaración fomenta y recomienda el mutuo conocimiento y aprecio entre judíos y cristianos por medio del estudio y el diálogo fraterno. Condena toda forma de antisemitismo y determina que: “Lo ocurrido en la Pasión no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy”. (Vale la pena recordar que la acusación de deicidio fue la principal fuente de antisemitismo durante siglos). Y afirma que la Iglesia “deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos”.

Nuestro país, fiel a su identidad de ser punto de encuentro y reunión, ha dado testimonio del diálogo afectuoso entre religiones en general, y entre judíos y cristianos en particular. El llamado de Nostra Aetate rápidamente encontró eco en la labor fundamental que desarrollaron monseñor Marcos Gregorio McGrath y Stanley Fidanque Brandon (ambos de bendita memoria). Con convicción y pasión ellos sentaron las bases del diálogo judeo-católico sembrado las semillas que hoy, 50 años después, nos dan estos frutos que nos llenan de orgullo.

Poco a poco, ese espíritu fraterno que se construyó entre los líderes, empieza a llegar a las comunidades. Posiblemente, allí radique nuestro desafío para los próximos 50 años. Desde la congregación Kol Shearith Israel y el Congreso Judío Panameño venimos trabajando, junto a nuestros hermanos católicos, para seguir avanzando por el camino del diálogo.

Un diálogo que no debe ser sinónimo de sincretismo ni de disolución de la propia identidad sino que, por el contrario, sea un espacio en el que cada uno, desde su lugar, sus creencias, sus textos sagrados y desde sus tradiciones debe salir al encuentro sincero y auténtico con el otro.

Se trata de un diálogo no para convencer, sino para compartir; no para anular nuestras diferencias, sino para celebrarlas. Judíos y católicos tenemos marcadas diferencias en nuestras visiones teológicas, pero eso de ninguna manera puede significar hostilidad, discriminación ni enemistad. Y es que además de diferencias, tenemos un patrimonio común y, más importante aún, compartimos la esperanza redentora. Nostra Aetate marcó el inicio de este nuevo tiempo que nos llena de ilusión y esperanza. 50 años después hemos caminado bastante, pero todavía nos queda mucho por recorrer.

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