CONTROL ESTATAL

El asedio al cuarto poder: Johnny Sáurez Sandí

En muchos países de nuestra América Latina se ha vuelto una constante el asedio a los periodistas y a los diversos medios de comunicación colectiva. Las cifras de asesinatos contra los buscadores de la noticia son escalofriantes y porcentualmente en algunas naciones los casos superan los crímenes derivados de la delincuencia común.

El control absoluto que mantienen ciertos políticos de nuestra región sobre los tres poderes tradicionales no les basta y ahora la emprenden, de manera abierta, contundente y sin tapujos, para someter a los medios de comunicación, o sea, que accionan de manera violenta en contra del llamado cuarto poder y en contra de quienes en ellos laboran. Sin duda alguna, lo que pretenden es sustituir la capacidad de coerción del Estado por la suya propia.

La prensa, en cualquiera de sus modalidades, es el medio último, el reducto con el que cuentan las sociedades –en un marco de no violencia– para hacer valer sus derechos, protestar, exigir respuestas a los gobernantes, direccionar e influir de alguna manera en la marcha de los pueblos y en la construcción de su cotidianidad e historia.

Precisamente, esa posibilidad que tienen los medios de crear opinión a lo interno de la sociedad es lo que molesta a ciertos políticos que, en su afán de grandeza y deseos de acaparar la totalidad del poder, enfilan contra todo aquel que no piensa como ellos o no los aplauden de manera constante y, también, reaccionan en contra de cualquier intento de quien trate de cuestionar sus actuaciones.

Al someter a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, los políticos, politiqueros y demás fauna con sus incontrolables ansias de control, merman el poder constitucional, eliminan los contrapesos y ellos mismos se convierten en “la Constitución”, sus opiniones, deseos o caprichos son de cumplimiento obligatorio y no toleran cuestionamientos; es ahí donde se da el choque con la sociedad que tiene como última arma de defensa a los medios de comunicación.

Esa actitud deslegitima a la Constitución real, socava las bases y el orden sobre los que está construida la sociedad y destruye todo el entramado sobre el que se desarrollan las relaciones entre esta y el Estado, además de destruir los procesos debidos en las relaciones entre individuos, personas jurídicas, instituciones públicas y privadas y demás componentes sociales.

El deseo desenfrenado de poder y los emprendimientos por controlar absolutamente todas las voluntades existentes a lo interno de los pueblos y sociedades son, posiblemente, las motivaciones que llevan a algunos detentadores del poder temporal a pretender manejar y, si es posible, acabar con los medios de comunicación, que a su vez garantizan la balanza entre los poderes, las clases políticas y la sociedad, teniendo en cuenta que a menudo es la única voz de esta.

Se trata, posiblemente, de procesos coyunturales en nuestra región, parte de la cuota que los pueblos en general y los ciudadanos individualmente debemos pagar en los procesos para encontrar el camino de la gobernabilidad, del respeto pleno a la institucionalidad, a la protección a los derechos individuales y colectivos y al logro del equilibrio necesario para alcanzar el progreso material y espiritual que tanto anhelamos.

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