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El aumento del monto de la beca universal: Alberto Velásquez

Cuando el gobierno de Marco Robles decidió darle un fuerte impulso a la educación, como respuesta a los problemas de la delincuencia y otros factores que lesionaban la sociedad, se apoyó en varios ejecutivos de empresa y funcionarios para organizar lo que después se llamaría el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de los Recursos Humanos (Ifarhu).

Eduardo Ritter Aislán, como ministro de Educación; Diógenes Arosemena, como secretario general de la Universidad de Panamá, y otros distinguidos profesionales, redactaron la ley del Ifarhu en sus partes medulares. Como diputado y exministro de Educación, Rigoberto Paredes fue pieza importante.

Fui testigo del objetivo fundamental para la creación de la nueva institución, que como su nombre de consenso lo decía, buscaba aprovechar los talentos de jóvenes estudiantes panameños. Extendida después a futuros obreros, promovió a quienes demostraron dedicación por el estudio y la superación profesional.

El ministro Ritter Aislán era editorialista de El Día, en donde el suscrito era jefe de redacción, y durante muchas tardes y noches se adelantaba el texto de la citada ley, en la sala de redacción, con el aporte de especialistas en el proceso educativo. La opinión general era provocar la competencia entre los educandos para que mejoraran su rendimiento y, en consecuencia, ofrecerles estímulos pecuniarios. Así nació el Ifarhu. Ese era su fin. En efecto, ayudar a los mejores estudiantes y elevar la formación de obreros especializados, cuya demanda empezaba en la década de 1960.

Pero a través de los años de vigencia, el Ifarhu no solo desmembró su responsabilidad por la formación acelerada de obreros, sino que se convirtió en patrocinador de la mediocridad, desestabilizador del talento y, además, en una piñata politiquera con la tal llamada beca universal. Aun con promedios de menos de tres y con fracasos rehabilitados, a los estudiantes se les premia con una beca universal. También, con una carta de recomendación de algún político, lo que se maneja como un requisito. Es decir que a cualquier estudiante, sin considerar su promedio, se le otorga una beca, no importa el monto, el caso es que se constituye en un medio para politiquear.

Hace poco se dijo que se aumentarían los montos de las becas. Pero no se habló de la reglamentación para otorgarla, de acuerdo con un juicio de méritos, y aprovechamiento del talento humano. Esto solo se concibe como un incremento del monto de los subsidios que otorga el Estado, y se traduce en una acción populista que no contribuye al mejoramiento de la sociedad educativa, y responde a una promesa de campaña. Es más, se utiliza el argumento de aumentar la beca universal para disminuir la deserción escolar. Esto no tiene fundamento.

Lo que sí tiene razón de ser es programar los planes que estimulen al estudiante a mejorar su rendimiento; premiar a los más avanzados y, a los que se rezagan, brindarles otros beneficios como mejor alimentación, gracias a los comedores escolares que, entre otras cosas, eliminó la ministra de Educación anterior. Ella se dedicó más bien a invadir a un colegio y eliminar las cátedras de historia. Repito, el aumento monetario de la mal llamada “beca universal” es un despropósito. Acrecienta los diversos subsidios que todos los panameños sufragan, cuyos montos a la postre serán impagables.

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