SOLEDAD

Cuando el barco se hunde: Gil Moreno

Las pasadas elecciones fueron memorables, pues hubo muchas sorpresas y sorprendidos. Y el más sorprendido fue el propio Ricardo Martinelli, porque su candidato perdió por un amplio margen frente a Juan Carlos Varela. Él siempre pensó que su victoria era segura por los cientos de millones de dólares que invirtió en la campaña con los recursos del Estado. Esa fue la impresión que se llevaron del gobierno los observadores internacionales. Ese día se demostró, ante la faz del mundo, que el pueblo panameño no es masoquista, como algunos creían, pues en un acto de civismo e hidalguía dijo un no rotundo al continuismo, al irrespeto de un gobernante que no supo asumir su papel.

Y como nada queda oculto bajo el sol, ahora nos enteramos de que algunas encuestas fueron manipuladas por allegados al gobierno para favorecer al candidato oficialista, que siempre ocupó el primer lugar con el 38%, 39% y hasta el 40% de las “preferencias electorales”. Ahora nadie se explica cómo el día de las elecciones solo logró un escaso 31%.

Para nadie es un secreto que faltando muy poco tiempo para las elecciones, un grupo de ciudadanos preocupados por la suerte del país (ante el temor de que el candidato de Martinelli ganara las elecciones) se reunió con Juan Carlos Navarro y con Juan Carlos Varela y les hicieron la siguiente proposición: Varela encabezaría la nómina presidencial (por motivos de fuerza mayor) y Navarro sería su vicepresidente. Esta proposición, al parecer, no fue del agrado del candidato del PRD. Es muy posible que ahora se sienta arrepentido de no haber aceptado el plan, que le habría proporcionado a su partido una importante cuota de poder.

Dicen las malas lenguas que cuando un barco está a punto de naufragar, hay en su interior unos animalitos muy habilidosos, que ante la inminencia del desastre, empiezan a abandonar la embarcación. Esto es lo que le sucede a Martinelli en estos momentos. Como sus días en el poder se acortan, la mayoría de sus “amigos”, los alabarderos, los chupamedias, los oportunistas, empiezan a huir, igual que esos animalitos.

El gran pecado del Presidente fue haber engañado al pueblo cuando dijo que haría un gobierno diferente, en el que no habría corrupción, arreglos debajo de la mesa, contratos sin licitaciones, concesiones para favorecer a sus amigos, mentiras ni irrespeto a las personas y a las instituciones democráticas.

Yo creo que si hubiera cumplido con estas promesas, tal vez, su candidato habría ganado las elecciones. Con su humillante derrota, quedó demostrado que las malas acciones no pagan.

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