REFLEXIÓN

El campo idealista de los sueños: Manuel E. Barberena R.

¿Qué es la vida? Es todo lo que nos pasa. Como un fenómeno que es parte del incesante acontecer en el que consiste esta, los sueños no pueden ser separados del proceso humano. Sueño pintoresco es el que cuenta Rómulo Gallegos en la novela Doña Bárbara: “Suena el gallo con el gavilán y su espanto alborota el gallinero”.

Tomar en serio los sueños equivale a aceptar la certidumbre de los misterios oníricos.

Cuando pasamos por la experiencia de soñar entramos en un mundo de anhelos paradisíacos, o de espantosos presagios. Los sueños que se posan en el pensamiento pueden ser reproducción de vivencias o ser mariposas; los sueños que se asoman fugaces mientras dormimos pueden ser ideales o revelaciones.

José Ingenieros los presenta como visiones anticipadas de lo venidero.

Una fuerza indomable que seduce la mente está en las ambiciones materiales. En ese mismo hilo están los sueños pretensiosos. Ir a la caza de estrellas impulsado por la fuerza visionaria de ideales, o ser sufrientes de horribles pesadillas es el sino de los soñadores.

Sueña el enfermo con que su médico sea un Esculapio y que padezca con él. El ciudadano formado en un hogar virtuoso y en la buena escuela sueña con el renacimiento de un liderazgo con el linaje patriótico de Justo Arosemena, Ricardo J. Alfaro, Belisario Porras, Harmodio Arias M., Roberto F. Chiari, Guillermo Endara G. y otros de igual estirpe.

Vivieron una pasión política loca y dura como una roca Arnulfo Arias M. y Omar Torrijos H. Tuvieron sueños como las fugaces raíces de fuego que dibuja el rayo en el firmamento. Arias y Torrijos estuvieron al borde de abismos y, a su manera, amaron al pueblo más que a sí mismos. Ambos estadistas consumaron obras de suprema magnitud.

Tienen sabor de plegaria los sueños de los pobres; piden caminos campesinos de primer mundo que los libre del lodazal, igual que escuelas y educación, agua, aseo, respeto, administración pública, democracia, seguro social de salud e institucionalidad, todas de primer mundo.

Los pueblos tienen más paciencia que un pescador de río con anzuelo, pero un día pueden reventar con furia incontenible por donde menos se espera.

“Los sueños muchas veces tienen noticias de un hecho antes de que nazca”, (Dante Alighieri, en la Divina Comedia, capítulo del Purgatorio).

La historia que sigue es ejemplo del misterio insondable de los sueños. Cuando José M.S. se trasladó de Puerto Armuelles a Panamá, en la década de 1970, había en el puerto un hospital enorme administrado por la Chiriquí Land Company para dar servicio de medicina general a los trabajadores.

Estando en Panamá José M. S. vio en un sueño que el hospital, que todavía estaba en pie, ya no existía, y que en su lugar había un piso de concreto, varillas de hierro y plantas rastreras. Años después, cuando la Caja de Seguro Social extendió sus servicios a Puerto Armuelles, el Seguro construyó su propio hospital y el de la Compañía fue demolido.

En un viaje a Puerto Armuelles José M.S. vio que en el lugar donde el hospital había funcionado, estaba el piso de concreto, las varillas de hierro y las plantas rastreras que él había visto en el sueño, cuatro o cinco años antes.

Otros sueños están en el extremo opuesto. Hay sueños fabulosos de agradable falsedad, como los que fabrica para la lotería el simpático Malcolm a la luz del día; con números mágicos que se arropan. El buen Malcolm remata sus predicciones con una burbuja de jabón: “Cómo nooo”.

Las sardinas sueñan con que se le librarán de la voracidad de los tiburones depredadores de la naturaleza incrustados en la libre empresa. “Cuando hayáis talado el último árbol, cuando hayáis matado el último animal, cuando hayáis contaminado el último río os daréis cuenta de que el dinero no se come”. Indios Cris, Canadá. (El pensamiento del día, La Prensa, 3 octubre de 2013).

Si murieran los sueños con ellos moriría el espíritu de lucha de que se valen los pueblos para materializar sus ideales.

Soñemos con un Panamá justo. Sueñan los pobres con que no se les dé lo que el Gobierno quiere sino lo que ellos necesitan. ¿A quiénes beneficia la prosperidad?

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