REFLEXIÓN

Las candidaturas del 2014: Miguel Espino Perigault

Don Roberto Eisenmann, empresario exitoso, fundador de La Prensa y ciudadano de reconocida trayectoria cívica, probada en las luchas por la recuperación de la democracia durante la dictadura militar, ha manifestado en programas dirigidos a la opinión pública y recogidos por los medios, su preferencia o, al menos, su aceptación por una candidatura presidencial “independiente”; una idea que otras personalidades de la política han mencionado como conveniente.

Es una opción únicamente viable, si la acoge y respalda un partido político. Don Bobby dice además algo que vale mencionar y destacar. Advirtió que el próximo presidente del país ha de ser un hombre de honestidad comprobada. Creo que, como nunca antes en la historia, esa condición es absolutamente necesaria.

Los significados que nuestra lengua da a la palabra honesto la convierten en una exigencia ética para el candidato y para el elector: “decente o decoroso; recatado, pudoroso; razonable, justo; probo, recto, honrado”. ¿Acaso nos ha importado, como electores, esa rica virtud humana? Las mencionadas son cualidades esperadas en el político y relacionadas con las responsabilidades que acompañan al cargo. La imperfección o ausencia de aquellas cualidades en el actuar del político tienen mucho que ver –si no es que todo– con la indiferencia o con el genuino interés del elector.

Es muy difícil conocer a las personas, mucho menos al político que suele hacer de su imagen pública una cuidadosa figura para el mercado. Y eso no es algo malo, pues el político debe presentar una imagen reconocible y, para su éxito, aceptable. Por eso, precisamente, es que el elector debe saber discernir.

En un memorable discurso del papa Benedicto XVI, ante el Parlamento alemán, en el año 2011, él se refirió al político y a sus responsabilidades, recordando el pasaje bíblico que narra la oferta que Dios le hizo al joven rey Salomón cuando iba a asumir el trono. Dios satisfaría la petición que el futuro rey quisiera hacerle. ¿Qué pediría el político Salomón? ¿Riquezas, larga vida, éxito o la eliminación de sus enemigos? Nada de eso, Salomón pidió: “concede a tu siervo un corazón dócil para que sepa juzgar a tu pueblo y distinguir entre el bien y el mal” (l,R, 3,9). Un bien y un mal que el gran rey podría saber diferenciar, con un corazón dócil al Señor.

El Papa se extiende así sobre el tema de las responsabilidades del político moderno frente al derecho y su correcta interpretación, así como la dignidad y la libertad humana, según la naturaleza y la verdad.

Ante las próximas elecciones, podríamos preguntarnos ¿qué le pedirían nuestros candidatos a Dios, si les preguntara a cada uno qué desean, de ganar las elecciones? ¿Responderían a la oferta de Dios, o se harían, como si no la oyeran?

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