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CELEBRACIONES

Al candor de la historia ´matria´: Guillermo Tatis Grimaldo, hijo

Celebraremos el mes de la “matria”, como llamaron alguna vez Unamuno y Borges para definir el sensible y entrañable amor por la madre patria en una sola frase de íntegro significado.

Habrá por todo el país tarimas, dianas al amanecer, saludo militar a las autoridades nacionales, provinciales y distritales, honores a la “matria”, a sus emblemas y a todos sus “gritos”, acompañados de vistosos desfiles, con el mismo ahínco de cada año.

Toda la parafernalia de las festividades lucirá con mucha suntuosidad y el más amplio despliegue en cada rincón de la patria, tanto más que las del 28 de noviembre cuando celebremos la independencia de la madre patria España que lucirán gráciles y tal vez pasarán hasta inadvertidas, de no ser por el feriado y uno que otro desfile de bandas que aún se practica, propiciado, muy probablemente, por la cándida manipulación histórica de los acontecimientos.

Algunos ensayistas e historiadores sostienen en argumentación semántica, histórica y política, que el acto de independencia del 28 de noviembre de 1821 fue inocuo o bien que no significó nada distinto al statu quo de aquella época histórica, y se insiste en reiterar que la verdadera independencia fue la de Colombia, el 3 de noviembre de 1903.

Es necesario advertir que la independencia de España y la separación de Colombia fueron dos actos políticos de consecuencias sociales, económicas y políticas enormes, pero distintas, que marcaron un antes y un después histórico en la vida “matria” que tiene que interpretarse, consecuentemente, y no al pie de una definición de diccionario o de un tratado de ciencia política.

La independencia de España marcó la emancipación del pueblo panameño de su condición de colonia que mantuvo desde la llegada de los colonizadores españoles hasta aquel 28 de noviembre de 1821. Cosas y hechos muy distintos guiaron la adhesión y la posterior separación política de Colombia, por cuanto a ella pertenecimos como estado soberano, unidos –no colonizados– a un inmenso país que se llamó la Gran Colombia. Una gigantesca república federal al que pertenecieron para ese mismo tiempo otras entidades coloniales ya emancipadas y denominadas antes de su independencia: el virreinato de Nueva Granada, la capitanía de Venezuela y la presidencia de Quito, de la misma forma la provincia libre de Guayaquil y la superficie que correspondía a los territorios de las actuales repúblicas de Ecuador, Colombia, Panamá, Venezuela, y otras reducidas porciones territoriales que hoy pertenecen a Brasil, Costa Rica, Guyana, Nicaragua y Perú.

Pero, además, cuando pertenecimos al Reino de España en la categoría de colonia, no de Estado, todo el proceso político fue distinto, la colonización y la evangelización fueron a sangre y fuego, es decir, todo el proceso histórico fue de arrasadora imposición. Nuestro jefe de Estado fueron los absolutistas reyes católicos y nuestra condición fue la de súbditos, algo así como lacayos, en la definición más peyorativa posible, en la que los derechos y hasta los privilegios estaban conculcados y eran ostentados únicamente por los de “sangre azul”, la realeza gobernante.

En cambio, de nuestra unión política a Colombia no es que carezcamos de malos recuerdos históricos, pero fue libre y espontánea, no forzada, y vivimos una vida política y social republicana, no de colonia, traumática sí, con problemas políticos y sociales complejos sí, pero democrática y representativa al fin y al cabo, durante la cual pudimos elegir a nuestros concejales, senadores y hasta nuestros presidentes. Tuvimos calidad de ciudadanos, con derechos civiles y políticos, ejercimos el inalienable derecho del sufragio, aún cuando fueran en medio de limitaciones y de continuas crisis coyunturales por el proceso de consolidación de la insipiente institucionalidad democrática.

A los puritanos de la lingüística y la historia solo les falta decir que la recuperación de la Zona del Canal fue la verdadera independencia de Panamá; no, absolutamente, no. A quién pudiera ocurrírsele afirmar que las verdaderas independencias de Ecuador, Colombia y Venezuela ocurrieron cuando la Gran Colombia se desmembró y no antes cuando se declararon repúblicas independizadas luego de grandes y difíciles batallas libertarias.

Tanta importancia lleva la independencia de España, no solo porque fuimos una colonia más en aquella vorágine de sometimientos históricos del Imperio sino porque logramos los objetivos de ser libres e independientes, como también se reviste de jerarquía la separación de Colombia por cuanto a ella nos unimos con autonomía de país que logramos en esa ocasión, y después nos separarnos del proyecto político de Bolívar, que se resquebrajaba por las ambiciones desmedidas y delirantes de los actores políticos de la época.

A la “matria” no se le niegan honores, que viva la independencia de España y que viva la separación de Colombia. Twitter: @mosadegh53

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