MATERIA ECONÓMICA

Sobre capitalismo, comunismo e intervención estatal: Ignacio De Gracia Perigault

Se le atañe a Carlos Marx, la acuñación del término “capitalista” para denominar el sistema económico de producción que nos rige. Paul Samuelson, premio Nobel de Economía, prefiere llamarlo sistema mixto, ya que tanto el Estado como el sector privado producen o pueden producir bienes y servicios. Otros lo conocen como de libre empresa, porque todos tenemos derecho de acceder a los factores de producción y demás recursos para producir un bien o un servicio.

En su versión más sencilla, el capitalismo es un sistema de producción que se basa en la propiedad privada, y la producción de bienes y servicios se hace a través de la oferta y la demanda, mediante el mecanismo de precios.

En el sistema comunista, el Estado a nombre de la sociedad o colectividad es dueña de todos los medios de producción, determina qué bienes y servicios se producen y establece los precios.

En la lucha entre ambos sistemas por la hegemonía mundial, perdió el comunismo y triunfó el capitalismo. La humanidad escogió el modo de producción más efectivo y desechó el de mejor distribución. Que conste, que ninguno de los dos es 100% efectivo en lo que claman ser, más eficiente.

En dicho triunfo y fracaso no solo influyó el sistema económico de producción, sino también –y quizás con igual fuerza– la forma de gobierno, siendo la democracia y las libertades las características más asociadas al capitalismo, y las dictaduras y la falta de libertades, lo más relacionado al comunismo.

Realmente, al final, un obrero en las industrias más destacadas de las democracias capitalistas, en los países de mayor desarrollo, estaba en condiciones muy superiores económicamente (acceso y capacidad de consumo de bienes y servicios) y gozaba de total libertad, que su contraparte comunista. Sin embargo, la caída del comunismo no significa que se acabaron los problemas socioeconómicos. Y mucho menos que un simple sistema de producción aspire a solucionar todos los problemas de la sociedad ni resolverlos en el tiempo que se requiere. Por lo tanto, siendo el capitalismo exclusivamente un sistema de producción, genéticamente carece de elementos que permitan la solución del sinnúmero de problemas que confrontan los países. Su éxito en el ámbito de producción es innegable, pero su permanencia a través del tiempo radica en su capacidad para adoptar elementos ajenos a su estructura, como son el sindicalismo y la seguridad social.

El sindicalismo permite que los obreros logren mejorar sus condiciones laborales y salariales. La seguridad social permite la atención médica y un ingreso cuando no se está en condiciones de trabajar. Sin la adopción de estos dos elementos, el capitalismo no hubiese podido subsistir.

En el capitalismo y en la democracia el alcance de la injerencia del Estado en la cosa pública ha sido materia de gran discusión, particularmente a partir de John Maynard Keynes, en 1936. Al respecto, el conocimiento que la humanidad ha acumulado en cuanto a economía y derechos, así como nuestra experiencia e historia en la administración de la cosa pública, sumado a nuestro raciocinio, deberá guiar a las sociedades hacia dónde, cómo y cuándo puede -o debe- el Estado intervenir. Problemas como los que padecen Grecia y España son también producto de la corrupción de la empresa privada, de los funcionarios públicos, de organizaciones internacionales e instituciones financieras nacionales y regionales de los países prestatarios.

Lamentablemente, hay personas y corrientes como los llamados libertarios, que son extremistas en materia de derechos civiles y económicos; su ferocidad pasional al respecto les nubla la razón y les hace perder el debido equilibrio, lo que los descalifica para orientar a la sociedad. Eso sí, su juventud, alto intelecto y educación, los hace perfectos para las discusiones teóricas en las cafeterías.

La intervención estatal fue determinante en el desarrollo económico de Alemania y Japón, a mediados y finales del siglo antepasado. El siglo XX fue testigo del despegue de las economías de Israel, Corea del Sur y Taiwan, lo que sin una intervención estatal profunda no hubiese podido lograrse. China continental es un caso especial, es la otra cara de la misma moneda; siendo comunista, el Estado es dueño de todo, así que para progresar y desarrollarse hizo lo contrario y permitieron la intervención de la empresa privada y el capitalismo.

Definitivamente, los tiempos cambian. En los siglos anteriores al presente, los liberales acogieron para sí, salvaguardar el concepto de derecho y, en lo particular, el derecho individual, colectivo y del Estado, así como todas las libertades habidas y por haber. También aceptaron el movimiento sindical, por aquello del derecho a asociarse que tienen los miembros de una sociedad y promovieron la introducción del sistema de seguridad social en la Alemania de Otto Von Bismarck. Sin embargo, hoy día se perfilan como extremistas de derecha.

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