CRITÍCAS A PROGRAMA TELEVISIVO

Esa cara no me suena: Berna Calvit

En 1994 escribí“Caín, Abel y la tevé”, “Muñequitos y crimen”, y “El que paga manda”. Como ven, no es reciente mi preocupación por el impacto de la televisión, especialmente en niños y jóvenes. En los escritos comenté el contenido de los programas, y lo positivo y negativo de esta tecnología. Es innegable que la televisión se ha perfeccionado tanto y, de manera tan atractiva, que brinda un mundo de opciones de entretenimiento; con solo cliquear el control remoto recibimos imagen, voz y contenido ya “masticado”. En “Caín, Abel y la tevé” dije: “Con el invento del cine y luego la tevé surgió un nuevo tipo de empresario: el que por un lado se muestra como ejemplo de rectitud, ciudadano de saco y corbata, pero es el mismo que soslaya los aspectos éticos y morales de su negocio para recibir la satisfacción de la venta de sus productos de violencia; lo que importa es la ganancia. Los anuncios comerciales tienen el propósito de influir sobre el consumidor en potencia; por tanto, ¿puede negarse que los programas también influyen sobre el espectador?”.

La penetración de la televisión en la vida diaria es profunda. Cuando el escritor italiano Umberto Eco dijo: “Lo que no sucede en la televisión no existe”, lejos estaba de imaginar la comunicación instantánea que cabe en la palma de la mano. Pero esa es “harina de otro costal”. Hace 21 años ya me inquietaban los efectos de la televisión, sobre todo en niños y jóvenes; recogí información de leyes de otros países, informes de sociólogos, psiquiatras, anunciantes, organizaciones internacionales, etc. Con personas que compartían las mismas inquietudes, intentamos acercarnos a las autoridades, televisoras y anunciantes. Pronto nos dimos cuenta de nuestra ingenuidad: contra el poder que da la televisión cualquier intento de moderar (ni siquiera eliminar) la mala calidad, banalidad y mal gusto de los programas es pérdida de tiempo. Y como vemos, continúan ignorando las barreras de respeto al televidente. Aun así y aunque suba el rating, la polémica sobre “Tu cara me suena Kids”, me siento obligada a opinar sobre el programa de TV2 para que niños entre 6 y 12 años imiten cantantes nacionales y extranjeros, copia infantil de “Tu cara me suena” con adultos.

Luis Sagel guardó la ropa de su conocido personaje, el payaso Pin Pin, y ha circulado una nota de crítica a la televisora. ¿A quiénes imitarían los niños? Sin duda, a los que conocen: Justin Bieber, Miley Cyrus, Shakira, Sandra Sandoval; yo agregaría a unos cuantos raperos y regueseros “encollarados” extranjeros y locales. Y pregunta: “¿Por qué razón tenemos que aguantarnos todo lo que los medios de comunicación nos quieren vender como bueno, y lo peor, que hay madres que porque sus hijos tengan fama no les importa que productores y patrocinadores quieran presentar haciendo que niños y niñas se muevan y bailen como si fueran adultos?”. En un evento “infantil”, detuvo la presentación cuando un par de regueseros subió a la tarima a unas niñas que no pasaban de los 8 años. Sagel solicita la intervención del presidente Varela y la primera dama, el Ministerio de Desarrollo Social y la Secretaría de la Niñez “para que los niños participantes interpreten canciones que vayan de acuerdo con sus edades y género”. Un comunicado de TV2 asegura que los niños no interpretarán figuras del sexo opuesto, bla, bla. Este programa lucrará con el talento histriónico y musical de niños; la fama efímera les reportará unos dólares al participante y a sus padres; y los directivos de la tevé seguirán cacareando responsabilidad social empresarial (RSE), que es “hacer negocios basados en principios éticos y apegados a la ley”. ¿Lo olvidaron?

El Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño presentó denuncia contra el productor de “Bailando Kids” por “…la grave violación a los derechos de niños y niñas. En consonancia con lo que han expresado también organizaciones del campo de la cultura y de la infancia, consideramos que hay una evidente manipulación de los niños que son expuestos como objetos de consumo y diversión de los adultos por un programa que los trata como adultos… promueve una inconveniente erotización de los niños en el marco de una competencia... utilización de los chicos con fines lucrativos presentándolos como adultos en miniatura, bailando ritmos sensuales o copiando actitudes seductoras… exige que se tomen las medidas necesarias para poner fin a las violaciones de los derechos de chicos y chicas... la desvalorización que hay detrás de la presentación de los niños en el programa se corresponde con una imagen de infancia, promovida desde los medios, que concibe a los chicos como objetos … es necesario trabajar para que los medios y la sociedad entiendan que los niños son sujetos portadores de derechos que deben ser respetados…”. Pregunto a directivos, accionistas y “creativos” del medio: ¿Permitirían a su hija o nieto participar en “Tu cara me suena Kids”? Transcurridos 21 años de los escritos que cito arriba, concluyo con pesar, que en gran medida el futuro de los niños estará moldeado por las televisoras, cada vez más cargadas de sexo, violencia y chabacanería. No es buen augurio. Y esa cara no me suena.

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