PERFECCIONAMIENTO

La carrera judicial: Raúl E. Olmos E.

En nuestro país, desde el año 1990, cuando ocurrió el retorno a la plenitud constitucional, se dieron los pasos para construir los cimientos de una democracia sólida y sostenible. Sin duda, uno de los extremos que contribuyen a esto es el relativo a la administración de justicia, específicamente en el tema de la carrera judicial, como garantía para que los jueces que alcancen su posición mediante concurso gocen de estabilidad e inamovilidad funcional.

Es evidente que esta pretensión ha tenido sus altas y bajas, lo cierto es que desde 1990 hasta la fecha –después de 23 años de democracia– hay un porcentaje bajísimo de jueces con permanencia. No obstante, es importante retomar los esfuerzos para lograr que se implemente una ley de carrera judicial, en la que los aspirantes a la judicatura, tras completar los requisitos mínimos que requiere la posición, al mismo tiempo superen exámenes e ingresen a un centro de estudios especializados para formar jueces, tal cual lo tienen países como Chile y España. Específicamente, en este país tuve el placer de estudiar por espacio de un año y superar el curso de formación de jueces. Observé el modelo de enseñanza de la escuela situada en Barcelona, en la que los aspirantes a la judicatura se preparan.

A muchos de ellos les toma años de estudio superar las pruebas de oposición, luego pasan a la Escuela Judicial, en la que reciben enseñanzas, de lunes a viernes y en jornada completa, para perfeccionarse en materias como derecho constitucional, orgánico, procesal penal, civil, comercial, medicina legal y derecho comunitario, entre otras, y con profesores altamente calificados, pues la mayoría son magistrados y catedráticos de las universidades más prestigiosas de España. Ellos enseñan a los jueces sin funciones la difícil tarea de resolver un conflicto.

Al completar el primer año, ingresan a lo que se conoce como las adjuntías, es decir, son asignados a un tribunal en el que empiezan a redactar resoluciones bajo la mirada y control de un juez de carrera. Culminada esta etapa, y tras alcanzar la calificación mínima, entonces es que acceden a la judicatura, en un acto de alto nivel presidido por el Rey de España. Ojalá nuestro país pueda lograr esta categoría de perfeccionamiento en materia de justicia. Pero debido a lo que vemos, con un presupuesto raquítico, seguirá padeciendo una justicia con carencias, con déficit en todos sus niveles, y eso erosiona los cimientos de la democracia, pues priva a todos los ciudadanos de una respuesta judicial pronta, efectiva y de calidad.

Con una sociedad cargada de conflictividad, frente a estas asignaciones presupuestarias, la administración de justicia no tendrá la capacidad de satisfacer las necesidades sociales de una adecuada aplicación de las normas constitucionales y legales. Esperemos que los próximos gobernantes incluyan este tema en sus propuestas de gobierno.

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