ASPIRACIONES PARA EL NUEVO AÑO

Una carta de Navidad: Fernando Sucre M.

Cuando uno es niño y llegan estas fechas, por alguna razón los sueños y las ilusiones se despiertan llenando los espíritus de felicidad. Con el pasar de los años, las experiencias y realidades de la vida van consumiendo nuestras fantasías y las reemplazan, al final de cada año, con pensamientos reflexivos sobre lo que nos sucedió, recordándonos lo bueno, lo malo, lo feliz y lo triste. Las fantasías que solíamos tener desaparecen con el crecimiento del ser humano para darle entrada a la realidad de la vida misma. Es una expulsión de la una por la otra.

Sin embargo, no debemos dejarnos vencer por estas causas ni dejar de soñar, así sea de manera fantasiosa, sobre cuáles son nuestras aspiraciones para el nuevo año. Por ello, he escrito una carta con mis mejores deseos para 2016 y quisiera empezarla pidiendo por Panamá.

Que el año que viene nos traiga cambios importantes en el país. Que dejemos de hablar de transformar la “institucionalidad” que nadie sabe qué significa, y empecemos a hablar de educación. Sí, ese bicho raro del que ningún gobierno toma por las riendas para darle un vuelco real. Que entiendan los gobernantes que solo educando a un país se le saca de la pobreza y no con cambios cosméticos o remodelando los planteles.

Pido porque dejemos de ver los extraordinarios rascacielos que nos hacen creer que somos una gran ciudad y bajemos la vista a la tierra, donde el problema de la escasez del agua –en un país millonario en este recurso natural– sigue siendo el tema cotidiano de conversación para ricos y pobres.

Que dejemos de pensar que somos el centro del universo y empecemos por recoger la basura y reparar las calles, para que entonces todos consideren que somos parte del universo civilizado. Además, que por fin se solucione el problema del transporte público, no nacionalizándolo de nuevo (aunque ya es tarde para esto), sino exigiendo que se cumpla a cabalidad con el contrato. Evitar que vuelvan a entrar los “diablos rojos”, que tanto daño le hicieron a este país y de los que ya nadie habla, aunque –de forma silente– continúen circulando por las avenidas.

En cuanto a la seguridad, pido que en esta Navidad se dejen a un lado las estadísticas, pues estas no traen consuelo a las víctimas de los delitos, a los huérfanos de padres o madres asesinados en un asalto, ni al traumatizado por un secuestro. El país es muy chico y, casualmente por ello, es fácil dar con los delincuentes, si no fuera porque las fuerzas del orden también están penetradas por este virus, o es que nadie lo ve.

No quisiera dejar al resto del planeta por fuera. Que 2016 ponga fin al fundamentalismo en el mundo. El fundamentalismo no está concentrado en un solo punto del planeta, como nos han hecho creer. Está en todas partes. La posición de Donald Trump hacia los inmigrantes es un tipo de este.

Nada bueno sale de posturas como la del Estado Islámico ni la de un candidato a la presidencia de Estados Unidos. La solución viene de la tolerancia, de entendernos como habitantes de un mismo planeta, comprendiendo que tu dios puede ser diferente al mío, pero ambos dioses quieren amor y paz.

Que no se trate de imponer las reglas e ideas detonando bombas aniquiladoras de inocentes para mostrarle al planeta de la existencia de una organización altamente peligrosa.

Y hablando de detonaciones, que la riqueza sea más equitativa entre los pobladores de la Tierra y que no se reparta únicamente en las bolsas de valores del mundo, que tras los atentados de París vieron subir el precio de las acciones de las empresas productoras de armas.

Que el mar Mediterráneo, hermoso por su color y su pesca, sea un lugar de esparcimiento y diversión, y no el lugar donde encontrar la muerte de todos aquellos que tratan de huir de las guerras o el hambre, financiadas con petróleo que adquieren por la puerta de atrás los países no involucrados.

Que la reconciliación entre Cuba y Estados Unidos finalmente llegue a puerto feliz, pero por las razones correctas. Ya está bueno de afirmar que el hambre que se vive en la isla es consecuencia del embargo estadounidense. Es tiempo de reconciliación y de olvidar el pasado. Es cierto que los hermanos Castro pusieron las balas que asesinaron a tantas personas; pusieron las cárceles en las que encerraron a tantos oponentes, pusieron los mecanismos para que tantos seres humanos fueran exiliados y murieran lejos de la patria. También es cierto que la sangre derramada no llegó de los revolucionarios. Por ello, el perdón debe ser para beneficiar a las futuras generaciones. Los Castro deben dar paso al futuro haciéndose a un lado, y las víctimas también deben perdonar en nombre de sus descendientes y en favor de los muertos, encarcelados y exiliados. Esa es la voluntad que debe primar y la que queda claro que la mayoría desea que prime, pues la voluntad es libertad y la libertad es futuro.

Por último, que todos trabajemos por mejorar el medio ambiente tan dañado, pero sobre todo que los países industrializados hagan lo propio y se dejen de discursos vacíos, pues al fin y al cabo son ellos los verdaderos causantes del cambio climático. ¡Si esto se da, 2016 será un excelente año!

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