CÓMPLICES

En celdas contiguas: Giovanni Niedda Alvarado

Los golpes militares han sido para América Latina el motivo de muchas angustias y la desdicha de muchas madres que derramando lágrimas de sangre, sus corazones destrozados están para recordar a sus hijos muertos...

El 11 de octubre de 1968 muchos panameños experimentaron por primera vez el horror de la represión cuando la Guardia Nacional da un golpe militar, símil a los que se dieron en otros países de Centro y Suramérica. Hoy esa lucha entre panameños mantiene una diferencia vasta que no se olvida, aunque algunos hayan perdonado y otros promulguen las ansias de venganza.

Hoy tenemos a Manuel A. Noriega en la cárcel y otros pocos militares han pagado penas en el transcurso de estos 43 años, pero ¿dónde está el resto de los altos oficiales militares, miembros de la Guardia Nacional y agentes del DENI que actuaron reprimiendo y torturando a los ciudadanos alzados en contra de la inconstitucionalidad de ese golpe?

En 1987, durante el Viernes Negro, vimos con asombro cómo las fuerzas paramilitares se ensañaron contra la población. Muchos de los que integraban esas fuerzas eran civiles de las bases y dirigentes del partido político que creó Torrijos, hoy se codean con nosotros en las calles y son invitados a mesas redondas en los medios, sin vergüenza y sin la penalización moral que se les debe dar.

Quienes avalaron un golpe militar y luego las torturas y desapariciones deben pagar por su conducta culposa; estaba claro que el acto de sacar a un Presidente era maléfico e inconstitucional. Así lo concibió el patriota y héroe que se opuso y murió, contrario a aquel que se quedó al lado de la autoridad de hecho que hoy goza de la vida y se manifiesta ante la opinión pública, sin que sea señalado.

La soldadesca y oficiales de la Guardia Nacional, debieron cumplir órdenes superiores conforme al ordenamiento constitucional, para evitar el ensañamiento que aplicaron cuando después de un combate limpio, torturaron y asesinaron en Sioguí, Chiriquí, a los boinas negras Julio Villarreal, Manuel Díaz y José Manuel Morantes.

En aquella ocasión torturaron y desaparecieron en guerra sucia al joven Everett Kimble desde la cárcel de David; Torrijos, supuestamente ofreció 20 mil dólares por la vida de Walter Sardiñas y Noriega ofreció, supuestamente, 5 mil por la caza de arnulfistas, entre ellos Diomedes González, acribillado en la carretera a Cerro Punta, en octubre de 1983; Natividad González, ejecutado por un comando militar en julio de 1984 y Daniel Simoné H., muerto de dos disparos en Río Sereno en enero de 1988, entre otros.

Reitero, son culpables todos los que, avalaron esa dictadura, por lo que ahora en vez de darse golpes de pecho en las televisoras, acusando a sus opositores, deberán recibir la sanción de la comunidad, hasta que pidan disculpas, al igual que otros que, aunque pidan perdón, deberían estar en el Renacer acompañando a Noriega en celdas contiguas...

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