CELEBRACIÓN

El amor del cielo en Navidad: Gloria Zúñiga de Preciado

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Una especie de súplica de paz y esperanza irradia el ambiente en tiempo de Navidad. Cuando nació el niño Jesús los ángeles lo alabaron y exclamaron: “Paz a los hombres de buena voluntad”.

Este mensaje de paz resuena eternamente en la memoria de la humanidad, como un regalo del cielo. Se convirtió en la esperanza de las generaciones que a través de los siglos se deleitan con el nacimiento del niño Dios.

Su mensaje nos compromete a ser mejores en nuestras conductas para aspirar a las cosas buenas y a los dones perfectos.

La Navidad es una celebración universal, que alimenta la paz, la esperanza y la fe. Paz en las familias, en la sociedad y en las naciones. Esperanza en un futuro mejor para todos los que la necesitan. Fe en la divinidad de Jesús, quien con su mensaje de amor le enseña al hombre a anhelar una vida digna.

La conmemoración del nacimiento de Jesús nos ayuda a reflexionar en la conducta correcta a seguir, tanto en la vida particular como en el ámbito nacional. En lo personal adoptemos el compromiso de liberarnos de los egoísmos, de los rencores y de las soberbias. Dejemos de pensar solo en nosotros y veamos, con humildad, las necesidades del que camina a nuestro lado, así impregnaremos nuestras conciencias de la verdadera luz, no la de los comercios que en esta época titilan por todas partes, sino de la luz que nos guía a ser hombres y mujeres de buena voluntad.

En lo nacional el compromiso debe ser el de luchar por el mantenimiento de la democracia, de la igualdad y de la justicia, mediante el efectivo funcionamiento del estado de derecho. Nunca olvidemos, en tiempo de Navidad o en cualquier otra época del año, que “todo don valioso, todo regalo precioso viene de lo alto y ha bajado del Padre de las luces, en quien no hay cambio, ni variación, ni ocaso”. Santiago 1.17.

También es claro y contundente afirmar que esos dones y regalos Dios, en su paciencia y misericordia infinita, los obsequió a su mejor creación, el hombre, el día que envió a su único hijo a enseñarnos a amar, porque él nos amó primero.

La Navidad implica abrir nuestros corazones a la bondad y al amor que Dios nos entrega, contagiarnos de alegría al escuchar los villancicos y el sonido de las panderetas y permitir que, entre el ruido de estos días y las penas propias y ajenas, invoquemos en una oración a ese Jesús que vino para quedarse en nuestros corazones. Como dijo el papa Francisco “¡La Navidad es un encuentro! Y caminamos para encontrarlo: encontrarlo con el corazón, con la vida; encontrarlo vivo, como él está; encontrarlo con fe”.

En cada Navidad, el hombre revive en su corazón ese misterio infinito que es el amor del cielo para compartirlo en familia, con alegría y una renovada esperanza, porque: “un niño nos ha nacido y el crecimiento de su imperio y de la paz no tendrá fin”.

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