Una ciudad en caos

Las causas del mal son de todos conocidas, pero nadie ha hecho nada por dar el remedio ni parar el desorden en la capital

Se han construido corredores, pero el problema en las principales calles de la ciudad aún continúa, expandiéndose a las calles adyacentes o auxiliares. Y es que pareciera que todo se centraliza o circunscribe a un área determinada. Basta que a alguien se le ocurra cerrar aunque sea una calle, o que ocurra un accidente en una de las calles principales, para que todo el tráfico vehicular se paralice de inmediato. El problema se profundiza aún más, cuando las pocas normas existentes en materia de construcción de edificios, para áreas catalogadas de baja densidad, no se quieren respetar. Se construyen grandes moles de concreto en lugares con calles no diseñadas para albergar la circulación que generarían tales construcciones.

¿De qué le vale a una familia mudarse a un apartamento o edificio en un área exclusiva de la ciudad, si la poca paz que disfruta en su hogar se ve perturbada de manera abrupta al salir a unos cuantos pasos de esta? Y es que la contaminación, producto del ruido excesivo de los vehículos que circulan sin mediar casi espacio entre las estructuras existentes y las calles, está en niveles alarmantes. Ahora una calle concebida para dos paños, de repente queda convertida de tres a cuatro paños, solo al pintar con líneas divisorias los espacios para cada carril, medida que reduce el espacio normal entre un carro y el vecino que circula al lado, bastando solo sacar el brazo para tocar el carro de al lado. Esto lo que provoca es mayor malestar en los automovilistas, porque al tener o disponer de poco espacio se crea un problema de hacinamiento que produce en las personas malhumor y estrés, que degenera, en ocasiones, en actos de violencia debido a la desesperación.

Para agravar más el problema, tenemos la presencia del actual sistema de transporte, que todo el mundo cataloga de desordenado, obsoleto o caduco. Sus conductores siguen con un comportamiento irracional, siempre haciendo carrera para llegar primero a la próxima parada, sin importarles que ponen en riesgo la vida y la propiedad privada de terceras personas.

Aunado a todo esto, en los últimos años es creciente el número de paradas improvisadas, muchas veces proclamadas por los usuarios que ven más cómodo parar el autobús en una esquina con un solo acceso -lo que ocasiona un congestionamiento vehicular- que utilizar la parada oficial ubicada solo a unos metros del sitio (caso del cruce de la Vía Porras con la Vía España).

Para aliviar un poco o detener el creciente caos reinante, habría que aplicar las leyes de tránsito con mano fuerte, y ser más enérgicos en el cumplimiento de las normas y regulaciones que rigen las construcciones dentro de la ciudad.

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