PANAMÁ EN El 2014

¿En qué tipo de ciudad queremos vivir?: Ana Victoria Esquivel

Dentro de tres años se inaugura la primera línea del Metro de Panamá, y con grandes proyectos suceden grandes cambios. Cuando el ciudadano reemplaza su método de transporte para hacer uso del Metro, el suelo urbano adquiere más importancia. Se vuelven necesarios los recorridos a pie para llegar a las estaciones del Metro, y de ellas, al destino final. El crecimiento en la actividad peatonal transforma las ciudades. Cuando se procura generar buen espacio público, la calidad de vida de los habitantes cambia.

Por otra parte, la palabra “cambio” no siempre es positiva, y de no tomarse las medidas necesarias, nuestra ciudad puede verse afectada. Se necesita una visión de los desafíos y oportunidades, y con frecuencia, se desestima el valor que los arquitectos pueden aportar en este proceso. Hay muchos malentendidos en el presente sobre esta profesión. El arquitecto es percibido como “un individuo que diseña casas y edificios”, ignorando su deber más importante: ser el agente que, con sensibilidad hacia las necesidades humanas, puede ser mediador entre las diferentes entidades a la hora de tomar decisiones que afectan el entorno urbano. Si el arquitecto maneja responsablemente la capacidad de producir vida urbana, el éxito del proyecto está garantizado. Sin embargo, este proyecto puede perder valor si se desarrolla sin un equipo que vele por el buen diseño en todos los aspectos de su desarrollo.

Las condiciones de nuestra ciudad cambiarán y, sí, hay una preocupación por los espacios públicos que se generarán con el proyecto del Metro. Tristemente, ha sido el caso anteriormente que estas preocupaciones quedan a nivel de propuestas, y nunca llegan a ser ejecutadas en construcción. Si se ignoran los aspectos primordiales del espacio público, el proyecto se volvería fríamente funcionalista. La ciudad seguiría siendo incómoda de recorrer a pie. Tendríamos espacios comerciales caracterizados por arquitectura pobre y sin identidad. A pesar del Metro, Panamá seguiría siendo una ciudad para vehículos y la gente mantendría aquel perfil frío e inseguro que lleva al deterioro de la cultura ciudadana.

Por otra parte, hay una alternativa optimista. Si se trabaja con sensibilidad en el panorama urbano, los habitantes podrían llegar a desarrollar gusto por caminar recreativamente, como sucede en las ciudades más exitosas. De ser el peatón, y no el vehículo, el motor de la sociedad, se generaría un renovado sentido de identidad y pertenencia del cual carecemos actualmente. El proyecto sería un éxito.

Podemos favorecer la alternativa más agradable con las decisiones que tomamos en el presente. Eventualmente este proyecto afectará la vida de todos y cada uno de nosotros. Necesitamos de participación, tanto de profesionales como de estudiantes, para que las mejores ideas salgan de la cárcel de nuestras mentes y queden plasmadas en los resultados finales. Ya es hora de hacer las cosas bien. En un futuro cercano, Panamá se convertirá en la ciudad que odiamos, o en la ciudad en la que amamos vivir.

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