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DISTORSIÓN SOCIAL

Hay que combatir la mentira fantasiosa con la verdad: Vitelio De Gracia Perigault

Vivimos momentos de muchas mentiras y pocas verdades. En el mejor de los casos abunda la exageración y la especulación, todo es mentira nada es verdad. Denuncias por aquí y por allá, detenidos, con razón y sin razón. Son inocentes hasta que se les condene, siempre respetando sus derechos legales.

Algunos, insatisfechos con la justicia, exigen sangre. A esos hay que explicarles que esta se encuentra disponible en el banco que sirve a los hospitales, mas no en la justicia.

Denuncian a la esposa del magistrado de la Corte Suprema –hoy suspendido y condenado– pretendiendo que lo accesorio siga la suerte de lo principal, pero no siempre eso es así, como tampoco es justo ni legal.

Hemos caído en una vorágine de presos y acusados, y nos distraemos de lo que es vital para el país: justicia legal y social, sin visos ni percepciones de venganza. Si fuese así, estaríamos haciendo lo mismo que desarrolló de forma equivocada Manuel Antonio Noriega y Ricardo Martinelli Berrocal, ambos en su momento, acabando con las esperanzas de una mejor calidad de vida en todo el país.

Ahora deberíamos trabajar y esforzarnos por recuperar la institucionalidad, tan eficazmente destruida por el gobierno anterior. Sin embargo, nos dedicamos más al morbo del día y menos a resolver los problemas de agua, educación, salud…

Y no me refiero solo a la parte que le corresponde al actual gobierno, también, y sobre todo, a los ciudadanos comunes, como usted y yo. Debemos poner de nuestra parte para ayudar a generar soluciones, contribuir con una actitud y visión positiva para mejorar la calidad de la justicia, de la salud, de la educación, del transporte, y de los otros problemas que padecemos a diario.

Algunos, en busca de elevar su calificación de sintonía, nos inundan a diario –y en ocasiones, hasta tres y cuatro veces al día– con noticias negativas y llenas de morbo, pensando que así satisfacen a una sección de la población que ellos creen estáávida de esas tristes y lamentables noticias… Lo que generan es decaimiento, dolencia y perturbación en el ánimo de la población.

¿Y qué decir y pensar de los familiares de los caídos en desgracia, por su equivocado y codicioso actuar. Hijos, esposas, hermanos y madres sufren, algunos no tan calladamente, por la infelicidad del dilema de los detenidos e inculpados.

Me cuentan el caso de la hija de uno a la que tuvieron que sacar de la escuela, porque sus compañeritos hacían burla y mofa de su padre. Me pregunto si esta es la clase de justicia por la que luchamos durante cinco largos años.

Tan distorsionada está nuestra sociedad que hasta los niños –reflejos de lo que ven y escuchan en su hogar– caen en la inocente crueldad de martirizar a un compañero de clase por los errores cometidos por su padre. Esa no es la sociedad que queremos construir.

Durante seis años escribí para criticar y denunciar al gobierno de Ricardo Martinelli Berrocal. Sin consignas ni obedeciendo instrucciones de persona o partido político alguno. Solo con mi conciencia, y gracias a la democracia reinante en La Prensa, pude transmitir mi mensaje.

En ocasiones lo hacía cada semana, otras casi cada 15 días y la mayoría de las veces una vez al mes. Martillé, repetí y divulgué escritos como el de “Fuente Ovejuna, Las Catilinarias de Marco Tulio Cicerón, y los últimos como: Escuchamos a monseñor Ulloa, que le removieron el piso al que hoy se esconde, temporalmente, en las faldas de la democracia yanqui.

No podíamos cometer el error que tan nefasto gobierno repitiera. Se imagina usted, amable lector, si hubiese ganado las elecciones Martinelli Berrocal, en qué abismo sin fondo estaríamos cayendo ahora. Quizás, próximos a una guerra civil aupada por su cartel de la cleptocracia.

Critiqué, denuncié y pagué un alto precio por mis comentarios, pero no me arrepiento. Los hice por un mejor Panamá, por la institucionalidad, por la justicia, por poner alto a la corrupción, y por las urgentes e impostergables respuestas sociales…

Mas hoy, cuando se inicia la lucha por todos esos cambios, continúo preocupado por Panamá, por la justicia y la democracia. Todavía no veo un país consolidado ni política ni socialmente, urge combatir la mentira fantasiosa con la verdad de lo que vivimos…

¡Así lo percibo, así lo escribo!

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