MEGA DOSIS DE ESCEPTICISMO

De la credulidad boba

Con superchería se explota angustias, necesidades, supersticiones, ignorancia y curiosidad. La proliferación de farsantes que se sirven de ella para llenar los vacíos emocionales de los que a ellos acuden, es alarmante.

Cuesta creer que este negocio de estafas, ejercido sin disimulos, no esté sujeto a regulaciones legales en lo referente al control de la salud pública, “medicamentos”, licencia comercial, entre otros. Nada más hay que ver los medios de comunicación para deducir que la masiva “inversión” en publicidad reporta jugosas ganancias a los vendedores de mentiras y falsas esperanzas. Con burdos argumentos, los esperpénticos personajes que se anuncian con rimbombantes nombres y apodos y títulos, ofrecen resolver problemas de amor, dinero, salud o trabajo. ¿Mal de amores por el abandono del ser amado? ¿No gana en la lotería ni en el casino? ¿Sospecha que la “otra” le echó un “mal de ojos”? ¿Todo le sale mal por un “entierro” con su cabello, ropa interior y fotografía? ¿No encuentra pareja ni con todas las velas que le puso a San Antonio? ¿Ningún doctor le diagnostica su dolencia? ¿Cáncer, impotencia sexual, hemorroides, aburrimiento? ¿Se le está muriendo el ganado? ¿El profesor de química se “la tiene velada”? No hay problema, para todo hay. Para asuntos de despecho y amor, una botella de “Amansa guapos” o “Vente conmigo”, hará que el descarriado llegue corriendo a postrarse a sus pies por el resto de la vida; y si ve “enfriamiento”, la raíz de mandrágora lo revive; y para mayor seguridad, a bañarse con jabón Pega-pega. La “limpieza” de casas, que de paso le limpia el bolsillo, es una de las estafas más comunes; le visitará el brujero y llenará de humo la casa con un hediondo tabaco que acompañará con cánticos, oraciones y manojos de alguna yerba que sacudirá sobre camas (casi siempre, lugar importante en estas angustias), y sobre el cliente. No faltarán los amuletos y los talismanes “rezados” para alejar los maleficios. Y ponga la plata por delante, porque en este negocio no funciona el “espante el mal ahora y pague después”; para limpias y conjuros más costosos, el embaucador pedirá un abono, convenciéndolo de que “lo voy a hacer por ti, porque sé que estás desesperada y quiero ayudarte y es algo que no acostumbro hacer…”; el abono será la primera mordida de muchas.

Así es el asunto para los crédulos. La otra cara de la moneda son los maleficios para que el ingrato se vuelva impotente o para que el rival pierda el empleo, y otras ruindades por el estilo. Me han dicho que los muñequitos para clavarle alfileres son muy solicitados; se los preparan a su medida; clavados en la cabeza, el infeliz sufrirá migrañas, locura o amnesia; en los genitales para micciones dolorosas, frigidez, o disfunción eréctil. Una “gitana” se anuncia como “El terror de los infieles”, especialidad muy solicitada y de fiera competencia en este mercado de engaños.

¡Ah, las aguas del Jordán! Es tal la cantidad del agua del Jordán embotellada a la venta, que el Jordán estaría seco de no ser porque se trata de agua del grifo. Y no es para tomar a la ligera que los brujeros ofrecen menjunjes para curar enfermedades que requieren atención médica (cáncer, tuberculosis…). Para la disfunción eréctil (preocupación mayúscula en los señores), ofrecen potingues sin registro médico que vaya usted a saber si son compuestos que pueden ser letales para hombres con problemas cardiacos. Buscar alivio a las angustias existenciales, es natural y comprensible. Hay quienes acuden a los libros de auto-ayuda; otros a la oración, o la terapia; también a recursos inofensivos de bajo costo como tener en casa una planta de sábila para mantener alejados a los ladrones; a estampitas y medallas de San Cristóbal, protector de los viajeros contra los diablos rojos y los beodos al volante; a la pata de conejo, o al diente de ajo en la cartera. A diferencia de lo que ofrecen los embaucadores, estas prácticas son privadas, inofensivas y económicas. No así la infame manipulación de la psiquis, y la explotación económica de los que caen en las patrañas de la quiromancia, la hechicería y otros timos. Es necesidad del ser humano aferrarse a la esperanza, a la fe en algo, o en alguien. Y está bien, es comprensible. Pero de la proliferación de brujos y farsantes, son en gran medida responsables la deficiencia educativa (ignorancia), la indiferencia gubernamental y los medios de comunicación. Contra la credulidad boba que sirve a estos esperpentos, los mejores resguardos son la razón y una mega dosis de escepticismo.

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