AUTOESTIMA COLECTIVA

Hay que creer en el Panamá con el que soñamos: Richard Morales

Todo individuo y sociedad aspiran a su progreso continuo y sostenible. Pero ese progreso tiene una precondición ineludible, sin la que no podemos empezar a soñar y menos avanzar: Creer en uno mismo.

Un pueblo que progresa debe reconocer su propio valor, saberse dueño de las facultades necesarias para transformar sus aspiraciones en realidades concretas.

Esa autoestima debe sobrepasar lo individual para convertirse en un sentimiento colectivo, proveedor del estímulo para luchar por nuestro perfeccionamiento continuo. Nuestra grandeza se realizará el día que asumamos conciencia de que todo cuanto necesitamos para ser dueños de nuestro destino es saber lo que somos.

Hacernos de autoestima requiere un primer paso de fe, desechando el fatalismo y los prejuicios, para centrarnos en nuestro potencial constructivo. Implica asumir una postura optimista sobre nuestras posibilidades futuras, tratando los obstáculos presentes como retos superables, y los errores históricos como lecciones asimiladas.

Esta fe no tiene como finalidad plantear soluciones específicas a los problemas, sino imbuirnos de la confianza para atrevernos a luchar para resolver esos problemas. El pesimismo nos condena a la inacción, mientras la fe nos moviliza a la acción decisiva.

Creer se inicia en uno, pero debe extenderse al prójimo, convirtiéndose en un sentimiento mutuo que posteriormente se eleva a la comunidad, sociedad y humanidad. Creer en aquellos que nos rodean requiere reconocer a todos como iguales, por encima de cualquier diferencia social o biológica. La fe no es excluyente, no permite asumir que solo algunos valemos, exige reconocer el potencial innato de todo ser humano.

Al colectivizarse el reconocimiento del valor humano, este propicia una cultura de autoafirmación que nos hace considerar insoportables todas las privaciones sociales, ser conscientes de que merecemos todas las condiciones y oportunidades para vivir con una dignidad acorde con nuestro valor. Identificamos la injusticia como obra del hombre, no como un fenómeno natural e inevitable, por lo cual está en nuestras manos superarlo, adquiriendo la confianza para movilizarnos contra sus peores manifestaciones, como la pobreza, el hambre y la violencia.

La confianza colectiva nos permite superar los complejos de inferioridad, poniendo fin a la subestimación de nuestra capacidad, y a la búsqueda de chivos expiatorios y soluciones externas a nuestros problemas. Ya no tenemos que aceptar el subdesarrollo económico y la subyugación geopolítica, ambas consecuencias de la sumisión proveniente de una baja autoestima como pueblo, sino que aprendemos a confiar en nuestra propia capacidad y asumimos responsabilidad por nuestras decisiones y sus consecuencias.

Descubrimos que Panamá puede ser una gran nación, que provea a su gente todas las condiciones necesarias para su desarrollo sostenible, con un crecimiento incluyente de las grandes mayorías con pleno provecho de nuestras ventajas naturales y aquellas fruto del ingenio humano, manteniendo posiciones dignas y consecuentes en el concierto de naciones.

Al reconocer nuestro valor propio y mutuo damos el último y definitivo paso hacia controlar y transformar nuestro destino: el unirnos para atrevernos a hacer realidad la aspiración de los cientos de miles de panameños que soñamos con vivir en una sociedad de justicia, en donde todos tengamos igual derecho a vivir con la dignidad que merecemos.

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