ESPIANDO AL CONTRARIO

El crimen en la política: Francisco Bustamante

La guerra usualmente ocurre cuando los intereses económicos o políticos no logran ser conciliados por medios pacíficos. La lucha política en un marco de democracia, entonces, es la forma más civilizada y menos inhumana de buscar las soluciones o las avenencias que permitan convivir en paz distintas concepciones económicas, religiosas, políticas o de cualquier índole.

No siempre la política se ejerce sin violencia física. En la historia panameña abundan los ejemplos. Victoriano Lorenzo, al que en medio de la guerra entre liberales y conservadores de finales del siglo XIX no le pudieron hacer daño, fue asesinado mediante una venganza judicializada, cuando imperaba la paz entre contendientes.

En las campañas políticas, de forma recurrente, antes de la última invasión estadounidense fue normal que hubiese muertes violentas. La instrumentación de la fuerza pública a favor de uno de los bandos en discordia fue un evento normal en la política criolla. El fraude, la compra y el intercambio de votos, la utilización de los recursos públicos por los políticos como si fuesen propios fue parte del menú.

La tecnología destinada a proteger la seguridad nacional se utiliza para espiar a los contrarios. Eso, más el encubrimiento, le costó el puesto al presidente Richard Nixon en Estados Unidos.

Me cuentan que un político del gobierno militar, al colgar su teléfono cerraba con una frase, poniendo en duda la virilidad del jefe de la Seguridad del Estado. Una vez este le preguntó al político por qué andaba hablando ese tema, y él le respondió, sonriendo, “¿y tú, por qué andas escuchando mis conversaciones?”.

En la presente campaña política que ya empezó, han renacido las lacras mencionadas. Todavía no tenemos la instrumentación de la fuerza pública por uno de los grupos. Y gracias a Dios, no hay muertos todavía. Pero las señales son ominosas y es obvio que la tecnología se usa para espiar a los contrarios y todo me indica que lo practican dos de los bandos en pugna, por lo menos. Ese uso espurio de los recursos técnicos que violenta derechos fundamentales del ser humano en una sociedad civilizada, nos ha permitido conocer que un candidato, que no lo ha negado, se asociara para dañar físicamente a un contrario. O el otro, que lo niega, pero que el audio se parece mucho a su voz, sugiere que comprará votos no solo con dinero, sino con drogas en una zona roja y de pobreza extrema. Y la justicia en minúscula, que se niega a investigar los hechos, aduciendo recursos e interpretaciones legalistas.

El crimen está metido en la política. En la mentalidad popular, gracias a la difusión de grabaciones hechas ya sea por el gobierno o por copartidarios, quedó oficializado que la opción del uso de la violencia física o de las drogas son recursos a utilizar en el campo de la lucha política electoral. Esto abre las avenidas a la violencia física entre contrarios políticos y a a la instrumentación de la fuerza pública. ¿Es eso lo que queremos?

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