PROCURADORES

La crisis en el sistema de justicia: Jorge E. Madrid M.

Los últimos gobiernos, el de Martín Torrijos y el actual, han pasado por crisis institucionales que se reflejan en la inestabilidad de sus dignatarios. A Torrijos se le criticó por la falta de buenos ministros de Educación que lograran conciliar las luchas de los trabajadores (maestros/profesores).

A lo anterior se le acreditó el fracaso de la educación panameña –que desde los tiempos de la contrarreforma al proyecto de trasformación educativa propuesto por Omar Torrijos– ha ido de tumbo en tumbo, sin despegar e igualar, al menos, a los cubanos que son los mejores en educación a nivel de toda Latinoamérica.

La orientación de un gobierno se puede medir por los rubros que más atiende o más problemas enfrenta para manejar. Durante la administración de Martín Torrijos, definitivamente, la educación fue el peor manejado, porque los designados no daban la talla en esta cartera. Para la comunidad panameña no es un secreto que el Ministerio de Educación es uno de los más utilizados para hacer nombramientos políticos o practicar el clientelismo.

En el caso del actual gobierno de Cambio Democrático, parece que la Procuraduría de la Nación es la institución más difícil de controlar. Encontrar a un procurador o procuradora que responda a los intereses del Palacio de las Garzas (porque el Presidente es el que los nombra), ha sido mucho más difícil que la propia construcción de la megaobra del Metro.

Definitivamente que, para ser un país del primer mundo, no basta con llenar las calles de megaobras de alta tecnología. La sociedad no funciona solo con aparatos, le hace falta esa mujer de ojos vendados que lleva una balanza, y que representa a una justicia neutral. Pero, con los recientes nombramientos en el aparato de la justicia panameña, esa mujer justiciera cuenta con una vista 20/20.

Comparando estas dos crisis institucionales, la pregunta es ¿cuál es peor, la educativa o la de justicia? Considero que la segunda, porque sin justicia no funciona ni la educación ni el resto de las otras instituciones; todas pasan por la llamada seguridad jurídica, igual que las disputas o litigios de alto perfil (electorales, financieros, económicos, etc.) se deslindan en la Procuraduría y la Corte Suprema.

En conclusión, ambas instituciones son clave para el perfeccionamiento de la democracia panameña; sin educación somos víctimas de los depredadores políticos y explotadores laborales, y sin justicia ciega y neutral, quedamos a merced de la mano negra detrás del poder político, gobernante de turno. Sin lugar a dudas, la crisis de justicia actual, con el desfile de cuatro procuradores, es lo más grave para la sociedad.

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