SECUELAS NEGATIVAS

¡Mucho cuidado con el etanol!: John A. Bennett N.

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Robert Higgs, autor del libro Against Leviatan –En contra del leviatán– y Crisis and Leviatan, es un experto en economía política que nos advierte sobre las causas y consecuencias de los programas de etanol; los principios detrás de los programas de etanol y por qué continúan su actividad, a pesar de los horrores que producen.

Cuando los gobiernos se entrometen en la economía, jamás se conforman con hacer una sola cosa y siguen aumentando su actividad sin otra razón más que el deseo burocrático y político de estar en la escena. Y tampoco es de extrañar que sean muchos los actores del agro que contribuyen a la intromisión, motivados por los beneficios económicos que les derraman desde el centro del poder.

En Estados Unidos desde la época de los productores ilegales de guarapo y todos los que lo transportaban y mercadeaban, muchos creían que la intervención gubernamental en la agricultura se originaba a partir de un celo ideológico o hasta religioso; tales como la prohibición de venta de alcohol en domingos o días de fiesta religiosa. Y es que una de las mejores normas para entender el comportamiento político es, simplemente, “sigue el dinero”.

Siempre que existe una demanda, particularmente cuando es grande, la gente buscará la forma de satisfacerla, aunque sea ilegalmente. Las reacciones politiqueras típicas se circunscriben más que nada a corretear síntomas, mientras que desatendemos patologías de fondo. En Panamá es el caso de los taxis pirata y de las escuelas rancho particulares para los pobres, que no existirían si no hubiese una demanda no satisfecha; y en vez de enfocar todo el aparato coercitivo estatal para aplastar el instinto ciudadano de buscar sus propias soluciones, debíamos investigar el mar de fondo.

Fueron los propios ambientalistas quienes comenzaron a advertir que la producción del etanol era nociva al ambiente. Resultó que el odiado petróleo no es tan fácil de reemplazar. Mucho del etanol se produce a partir del maíz, y se vieron incrementos de los productos químicos que contaminan el ambiente. Por ello surgieron movimientos que se oponían a los subsidios para la producción del etanol. Pero lo que no previeron es que los subsidios son como el mal olor debajo del brazo, ¡muy difícil de eliminar una vez que se pega! Y es así dado a múltiples factores, tales como el atrincheramiento político de quienes se benefician y que, a su vez, favorecen a los políticos que les siguen la corriente.

La otra consecuencia no intencional se conoce como la “trampa transitoria de las ventajas”, que se origina y perdura cuando a través del subsidio se crea una dependencia comercial de quienes lucran con ello. También, y como resultado, esos activos aumentan de valor por el mero hecho de que vienen con una garantía de ingresos estatales fáciles. Ejemplo serían las tierras para el cultivo del maíz que aumentan de valor, igual que las cosechas del etanol; el cual, no olvidemos, está respaldado por los subsidios. A final de cuentas hay que estar claro en que cada vez que creamos un subsidio ponemos en marcha una trampa transitoria de ventajas que se enquista en la economía. Además, que es mucho más fácil aumentar el poder estatal que disminuirlo.

Si la producción de etanol fuese comercialmente viable, no necesitaría subsidios y hace mucho que estaría en el mercado sin la intervención estatal. Todo esto va creando distorsiones que auguran jaleos. Peor cuando la cadena de beneficiados del subsidio se extiende, llegando hasta los consumidores del combustible más económico; no porque realmente lo sea, sino a suerte de subsidios.

Lo que muchos desconocen es que la mezcla de etanol con gasolina resulta en menos millas por galón y con ello consumes más combustible. Simplemente, al final de cuentas la producción de etanol no es más que una suma negativa, que se torna más maligna cuando vemos que es casi imposible de eliminar. La manía del etanol raya en lo bizarro, al punto que los ambientalistas y consumidores en Estados Unidos ya lo odian, pero lo siguen consumiendo, porque no saben cómo detener el proceso.

Para muchos políticos se convierte en captación de votos; y por otro lado se cacarean los “trabajos” producidos, pero pocos advierten que no producen valor agregado. Tengamos presente que los malos políticos viven de los problemas y los precios altos del combustible son terreno fértil para la demagogia; ya que los ciudadanos piden a gritos “soluciones”. ¿Pero acaso lo que típicamente nos dan estos centralistas son soluciones, o simplemente más problemas, luego de lo cual les pediremos más intervención? Es cosa de nunca parar, hasta que la maquinaria colapse, tal como está sucediendo en Estados Unidos, Europa y otros sitios.

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