MUJERES EN LA SOCIEDAD

Una marcha que no culminó en Versalles: Martha H. Aceituno de Polanco

El pasado 14 de julio se conmemoró el aniversario 224 de la Revolución francesa, siguiendo el movimiento revolucionario e independentista iniciado por Estados Unidos y que continuaron luego España y la América española. En esa fecha se celebra la toma de la Bastilla como el hito que vino a dar inicio a la revolución.

Nacieron, con este evento histórico, ideales humanos como los valores de libertad, fraternidad e igualdad, tan ausentes incluso hoy día en nuestras sociedades latinoamericanas.

Muchos fueron los hechos que rodearon la Revolución francesa, entre ellos la instauración de la Asamblea Constituyente en Francia, la Declaración de los Derechos Humanos, la abolición del feudalismo y la aprobación de la Constitución de 1791, que sirvió de modelo a todo el proceso constitucional que siguió en el siglo XIX.

Sin querer restarle importancia a ninguno de los mencionados hitos, quisiera en esta oportunidad recordar un evento no menos histórico: la Marcha de las Mujeres a Versalles.

Eran tiempos de hambre y escasez, de incertidumbre y desorden político, de caos y de inexistente justicia social. Cuenta la historia que un grupo armado de mujeres, entre 7 mil y 8 mil, marchó desde París hasta Versalles para exigir, entre otras cosas, a María Antonieta, esposa del rey Luis XVI, el regreso de la familia real a París, y al rey, que dejara de entorpecer las labores de la Asamblea Nacional en la creación de un nuevo orden político, jurídico y social. El rey, aconsejado por Lafayette, decide dejar Versalles y trasladar su residencia al mismo centro de los acontecimientos: París.

Este evento nos debe recordar a todas las mujeres nuestro rol en la sociedad. Además de estudiantes, profesionales, artistas, madres y/o esposas, tenemos la obligación de participar en la vida política de nuestros países de alguna manera, directa o indirectamente; en la educación de nuestros hijos, inculcando el valor de la honestidad, el privilegio y la responsabilidad que conlleva vivir en democracia. Debemos aportar con nuestras acciones y nuestro trabajo a una sociedad más honesta, sensata y, sobre todo, más justa.

En toda Latinoamérica, también vivimos en la actualidad momentos de incertidumbre, de caos político, de decadencia de las instituciones que sustentan nuestras democracias y una tremenda injusticia social. Dos siglos después de la Revolución francesa, la marcha debe continuar, no con las armas como ocurrió en 1789; hoy día, nuestras mejores armas son la educación, el conocimiento profundo de nuestras realidades sociales y la actitud de trabajar diariamente por un cambio en el statu quo político y social con nuestro ejemplo, trabajo y con la educación de las generaciones que nos siguen.

Sin lugar a dudas, los ideales que nacieron con la Revolución francesa constituyen una deuda que sigue vigente, aun hoy día, luego de 224 años de historia.

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