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HISTORIA PATRIA

Al cumplirse los 112 años de separación de Colombia: Roberto Montañez

Al cumplirse los 112 años de separación de Colombia: Roberto Montañez Al cumplirse los 112 años de separación de Colombia: Roberto Montañez
Al cumplirse los 112 años de separación de Colombia: Roberto Montañez

La separación de Colombia no fue un hecho casual, pues fue una aspiración que venía gestándose al poco tiempo de la anexión en 1821, un acontecimiento donde se conjugaron factores tales como: el estado ruinoso dejado por la Guerra de los Mil Días, el insaciable afán de los accionistas franceses por resarcirse del fracaso financiero del Canal, el rechazo del Tratado Herrán-Hay por tensiones irreconciliables de los políticos colombianos y los intereses de Estados Unidos por construir un canal por el estratégico istmo. En este contexto histórico, los separatistas conservadores aprovechan el momento para desprenderse de un gobierno centralista, ajeno a las realidades istmeñas, mientras que en solo 15 días aprobaron un tratado lesivo a perpetuidad que convertía a la naciente república en un ostensible protectorado extranjero.

En el libro del jurista colombiano Óscar Alarcón Núñez Panamá siempre fue Panamá, nos revela la arraigada identidad panameña “en sus relaciones con la Gran Colombia, la Nueva Granada, la Confederación Granadina, los Estados Unidos de Colombia y finalmente con Colombia, demostrando la auténtica voluntad que tuvieron los istmeños desde 1821 para anexarse bajo la tutela de la gran república, sin sentirse parte integrante de ella”. Durante los 82 años de convivencia con Colombia tuvieron lugar cuatro separaciones antes de la definitiva de 1903, en momentos de turbulencia política en Colombia, revelando el espírit pacifista de los istmeños.

Destaca el autor colombiano: “En los años que antecedieron a 1810, Panamá tenía más relaciones con el Perú y con países centroamericanos que con Colombia, a tal punto que tras la independencia de España, en 1821, los istmeños por razones de vecindad optaron aliarse a la Gran Colombia, desistiendo de unirse a México o al mismo Perú por la admiración afectiva que se le tenía a la figura emblemática de Simón Bolívar”.

Entre deslealtades partidarias e inconformidades con las guerras civiles los liberales y conservadores istmeños trataron de convivir en paz, al margen de las luchas de poder y conspiraciones que se fraguaban en Bogotá. “Irremediablemente Panamá estaba condenada a separarse de Colombia. Los habitantes de ese territorio, lejano y olvidado, no podían aceptar una Constitución centralista, como fue la de 1886, que se redactó en Bogotá sin participación de ninguno de sus hijos en el Consejo de Delegatarios”, anota Alarcón Núñez.

Ciertamente, la separación fructificó con el apoyo decidido de los Estados Unidos con su disuasivo poderío naval de los buques Nashville, Dixie, Mayflower, Atlanta, Hamilton y el Maine fondeados en Colón; mientras que en Panamá estacionaron el Boston, el Marblehead, el Concord y el Wyoming. Conspiración fraguada por funcionarios del ferrocarril y la oligarquía comercial conservadora que se facilitó con el soborno de jefes militares colombianos. Parte de la leyenda negra de Theodore Roosevelt es que manifestó: “I took Panamá”, reveladora determinación de la diplomacia de las cañoneras.

A 112 años de la separación de Colombia reflexionamos sobre la retórica del expresidente colombiano Alfonso López Michelsen: “A Theodore Roosevelt la humanidad le debe la construcción del Canal, pero Panamá le debe su condición de república independiente”. En condiciones desiguales, los panameños no se doblegaron y libraron una lucha generacional de 97 años para materializar esa independencia que culminó con la erradicación de la presencia militar extranjera y la reversión del Canal a la jurisdicción nacional.

Hoy compartimos una agenda bilateral cargada de temas pendientes en comercio, narcotráfico, contrabando, tráfico de seres humanos y armas, así como el desenfrenado desplazamiento migratorio, dos países con un destino común, que están obligados a entenderse en sus relaciones contemporáneas. “¡Viva el 3 de noviembre!”.

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