CLASE POLÍTICA

Nos dan asco: Eyda Guardia Quirós

Tal vez la palabra asco sea un poco fuerte, pero es difícil encontrar otra que haga fiel referencia al sentir por lo que vivimos hoy día en nuestro país, con la supuesta clase política.

Da asco observar que el recurso de licitación abierta para optar por una mejor propuesta para el Estado, en base a conocimiento y experiencia, se ha sustituido con la contratación directa de empresas (sin referencia, porque se acaban de constituir) que funcionan con costos exagerados, beneficiándose “algunos” de forma millonaria con obras que se entregan y se reciben con fallas técnicas, sin que nadie se haga responsable.

Da asco observar que la corrupción en la administración de los bienes públicos es una práctica regular, porque el concepto se maneja de manera subjetiva, según los funcionarios involucrados y el tráfico de influencias. No hay dinero para resolver situaciones urgentes en comunidades marginadas, pero sí para gastar en publicidad y en carnavales.

Da asco pensar que, tal vez, a mediano plazo nos dirán que lo escrito en nuestra Carta Magna, que es la norma suprema de un estado de derecho soberano, son formulismos, que no son necesarios cumplir y que se puede dar paso a la reelección presidencial.

Da asco que las autoridades pierdan credibilidad, porque en repetidas ocasiones su actuar genera suspicacias. Guardan silencio mientras se favorecen con una actividad, pero apenas les quitan los beneficios, hablan y reclaman justicia.

Da asco que no respeten las inversiones privadas, legalmente constituidas en empresas que generan empleos, atacando a sus dueños cuando estos no les hacen la venia; o cuando ajustan las zonas geográficas para el pago de salarios mínimos, según la conveniencia de los amigos.

Da asco y es deprimente observar a funcionarios que pierden credibilidad abiertamente. Un día renuncian, de forma irrevocable a un alto cargo, pero luego regresan.

Da asco que, al acoger un amparo de garantías se interrumpa la intervención oficial a una empresa financiera y luego quieran acusar al interventor de abuso de autoridad. Es cuestionable que luego se acuda a reponerle a los clientes los millones que se detectaron faltantes.

Da asco que muchos estudiantes, orgullosos de ganarse una beca por sus méritos académicos, hoy sean igualados con cualquiera que tenga un promedio mínimo para pasar el año escolar.

Da asco el cinismo creciente de muchos diputados en la Asamblea Nacional. Algunos hablan ante los medios de comunicación, sin la menor decencia ni buenos modales (creo que nunca hubo gente tan ordinaria) y, muchas veces, sin respetar al periodista, que sí cumple con su trabajo de informar. Es evidente la autoridad que tiene el Ejecutivo sobre el Legislativo, y ni siquiera la maquillan un poco.

Da asco pensar en todas las promesas que nos traerá la clase política de cara a las elecciones del 2014.

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