EL MALCONTENTO

El triste decreto de la tristeza: Paco Gómez Nadal

Este mundo va mal. Muy mal. El papa Francisco se empeña en pedir a sus feligreses que se modernicen, que abandonen los símbolos de falsa religiosidad para (re) convertirse en verdaderos cristianos. Además, para escándalo de muchos y solaz de los camarógrafos, no para de realizar gestos simbólicos que tratan de romper con la medieval costumbre vaticana de hacer todo como si el siglo XVII no hubiera terminado. Por eso, es tremendo que muy lejos de la Santa Sede, exactamente a 9 mil 651 kilómetros, haya una profunda católica dispuesta a llevar la contraria al nuevo Papa, para convertirse en la cívica inquisición del desmadre.

Ya lo saben, seguro. Se trata de Roxana Méndez, esa mujer que hace unos años era identificada con la ternura y la candidez caritativa y que hoy se ha convertido en una feroz política y en azote de los impíos.

Yo sé que estamos acostumbrados a que en Panamá, un país crisol de culturas –y religiones– siga pareciendo que todo el mundo es católico (y católico inmovilista), pero lo de Méndez llega a extremos un poco... ¿ridículos?

Quiero decir, ya es tratar a la población como menores de edad eso de la ley seca (para la cual hay mil shortcuts), ya suena desfasado lo del cierre de bodegas, bares y cantinas por 24 horas con motivo de un viernes que solo es santo –teóricamente– para un 60% de la población (según las estadísticas oficiales), pero lo de prohibir “la música alegre” ya es de premio.

He pasado todo el fin de semana imaginando a los inspectores municipales determinando qué es y qué no es música alegre. He tenido pesadillas en las que veía la oficina del departamento de “control de la alegría” del Municipio en donde tristes y serios funcionarios realizaban pesadas listas de música impía y vulgarmente divertidas para que luego la alcaldesa diera su visto bueno, antes de salir a la caza de acordes discordantes con la tristeza general de los católicos panameños.

Valga indicar a los censores que las canciones de despecho, por mucha cumbia que las anime, no deberían ser consideradas como alegres, que buenas depresiones agarraron sus autores a punta de abandonos, infidelidades y otras canalladas amorosas. Por eso en mis sueños, este Viernes Santo, me perseguía Shakira al grito de “Ay, todo lo que he hecho por ti / Fue una tortura perderte / Me duele tanto que sea así / Sigue llorando perdón / Yo no voy a llorar por ti”. Cuando le di esquinazo, pude presenciar una escena terrorífica: dos policías municipales, asesorados por la insigne gobernadora (que no quería ser menos que la alcaldesa) detenían a una señora de Penonomé que había osado salomar en medio de la cinta costera, afeando el serio rigor de la jornada y amenazando con atraer a Japanese, que aburrido del típico, iba a recordar a una alegre panameña, Alma Cortés, al grito de: “Fuistes tú, fuistes tú, la del Twitter fuistes tú, fuistes tú, fuistes tú, la que escribió fuistes tú... much hot, much hot, much hot”. Claro que –pensaba yo– si Japanese no fuera del gusto de la alcaldesa, por aquello de su currículo carcelario, siempre podría emitir una “bula municipal” a favor de Los Rabanes, el grupo que cada día está más cerca del poder, pero más lejos de Dios, y dejar que canten a pleno pulmón aquello de: “Ay I´m feeling high / Con angelito porno star babe / Eres la maldad / Que siempre hay en mí”. Eso animaría un poco el día festivo y ayudaría a la campaña de la Burillo, que ha elevado una protesta formal a su compañera de partido en Cambio Democrático, porque con el Decreto 1228 ha interrumpido su campaña electoral, ya que no ha podido bailar en público el “Presidenta Style”.

Tampoco creo que la música de bandas pueda ser considerada como música alegre. De ser así, habría que eliminarlas de los desfiles de fiestas patrias, ya que no son menos importantes que un Viernes Santo y requieren la misma medida en las minifaldas que en la alegría musical.

En fin, que este mundo va muy mal. Que la alcaldesa no ha logrado superar a su antecesor en propuestas peregrinas (como las piscinas plásticas gigantes), pero sí lo ha pasado de largo en hechos concretos. Poco a poco, va logrando que la ciudad de Panamá practique la bipolaridad sin complejo: degenerada y descontrolada en el Carnaval de la City; de luto riguroso y taciturna durante la vigencia del decreto de la tristeza. Mucho me temo que, más allá del sarcasmo, lo de nuestros políticos es la distancia cósmica con la realidad. Legislan para otro plantea, u otro tiempo, se llenan la boca y los decretos de supuesta moralidad y, mientras, contemplan sin pudor cómo sus compañeros (y ellos mismos) roban y corrompen, o cómo hay familias enteras que malviven en medio de la opulencia de Gotham City... que tristeza... ay no, perdón: ¡qué alegría Roxy!

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