IMPORTANCIA

La democracia en los partidos: Erick Candanedo

Insistimos en definir a los partidos políticos por sus respectivos candidatos presidenciales. Sus estructuras internas, para bien o mal, adquieren las características de la sociedad en que nacen. Sus fortalezas, virtudes y defectos son los mismos que protegen, iluminan y opacan a los ciudadanos de cualquier país que los instituye. De hecho, los partidos que no son representativos de las sociedades se crean a la sombra de la malversación de capitales y se sostienen en el poder de las fuerzas estructuradas por el establishment.

Debemos reconocer (en su virtud) la función representativa que tienen las estructuras internas de los partidos que se han instituido de una forma democrática. Los panameños, en nuestro afán de identificar caudillos, demeritamos el esfuerzo que hacen al establecer organizaciones democráticas que puedan mandar un mensaje positivo del rumbo que debe tomar la nación. Si bien el caudillismo –de tener aceptación positiva– es un facilitador expedito para disparar la popularidad de un partido, su peligro recae en la sostenibilidad de la imagen de una sola persona. En cambio, la fuerza representativa de sus organizaciones incuestionable, pues nace en el seno de la comunidad. Tomemos por ejemplo al Partido Revolucionario Democrático (PRD), probablemente la estructura política democrática más representativa de la sociedad, no por su estatuto (pues en Panamá todo es letra muerta), sino por lo exigente, organizado y combativo de su membresía. Organizado a lo interno por una bien definida base de miembros que con ideales claros eligen a una estructura de delegados que se gana, por derecho, su sitial de liderazgo y que, a su vez, voto a voto, escoge a un directorio. El PRD cuenta con infinidad de estructuras, entre directivas, frentes, defensorías, tribunales, fiscalías, asambleas, congresos y muchas otras, que dan origen y mantienen una enorme, sólida y compleja organización de líderes comunitarios. Esta mecánica les facilita experiencia a los miembros para organizarse con miras a gobernar; lo que debería ser la meta administrativa de todos los partidos. Un ejemplo de sencillez y efectividad es su directorio nacional, que es el máximo organismo de dirección y actúa durante los períodos de receso del congreso nacional, con atribuciones que le garantizan la gobernabilidad democrática interna. De forma similar funciona el Partido Panameñista, salvo algunas excepciones en que el poder se hereda de un pariente a otro. Una premisa absurda que instituye esta costumbre como una usanza.

Es necesario que le demos su sitial, participación y espacio político a las estructuras internas de todo partido, porque su permanencia es garante de la democracia de la institución política, que después se traslada a la sociedad. Aprendamos a valorar las estructuras democráticas de los partidos, pues en ellas se encuentra el ADN de la democracia en Panamá.

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