GOBIERNO FRACASADOS

Los que dependen del Estado: Iván Samaniego

Sin duda, como se dice, los gobiernos pasan, pero el hambre queda. Este dicho, precisamente, se aplica cuando los gobiernos guiados por intereses políticos partidistas egoístas, no invierten adecuada ni eficientemente en los temas prioritarios, como la salud y la educación.

Desde hace tiempo señalo que lo que todo gobierno debe garantizarle a cada ciudadano de su país es la educación y la salud de elevada calidad, algo que parece ser una perogrullada.

Estas son las prioridades de Estado que garantizan que la gente tenga la oportunidad de escalar en la jerarquía social o, de otro modo, facilitar el proceso de movilidad social. Pues hacerles casas, baños higiénicos, regalarles cemento, comida y subsidios de todo tipo, por muy buenas intenciones que tenga, sobre todo en periodos electorales, reproduce más la gente que depende de lo que los gobiernos les ofrecen, manteniéndolos en una zona de confort, sin posibilidades de movilizarse o de actuar para salir de situaciones difíciles o problemáticas.

Y es que esa dependencia en el Estado ha demostrado en otros ámbitos del mundo ser un total fracaso, es el caso de países como Grecia y un vecino cercano, Venezuela, que apostaron por un populismo más que extremo, perverso.

Esto es producto de décadas de evolución que nacen con las repúblicas, y que abarca la totalidad de la población, no solo a los más pudientes, las llamadas oligarquías.

Pues lo más notable es que esa dependencia en el Estado es un mal endémico que padecen las poderosas clases político-económicas que han vivido a costa del Estado, muchos se han enriquecido de sus fuentes económicas, hasta la persona más humilde a quien le caen las migajas de esta forma pervertida de conducir los gobiernos.

En gran medida, las culturas latinoamericanas han sido condicionadas o habituadas a que los gobiernos resuelvan hasta los problemas más ínfimos y absurdos, por una parte y, por otra, que los gobiernos sean fuentes directas de grandes ingresos, así como de oportunidades para realizar grandes negocios.

Lo cierto es que nadie se escapa de esto, y la gente atribuye hasta los problemas más triviales, como la banca destruida de un salón, la basura que desborda los ríos, o la falta de trabajo a la incapacidad de los gobiernos de turno, como si se tratase en muchos casos de responsabilidades que no nos incluyen, porque el pueblo es una especie de víctima pasiva. Qué contradicción, porque ese mismo pueblo es el que elige a sus gobernantes.

Por ejemplo, ante la crisis del agua solo miramos hacia un lado, y atribuimos dicho problema al gobierno de turno, como si se tratase de una obra directa causal y no un tema más complejo que involucra múltiples actores.

Echar la culpa es el mecanismo más viable, pero ¿qué hay de nuestra responsabilidad, como ciudadanos, en temas tan básicos como la crisis del agua, inclusive la seguridad? ¿Qué hacemos por nuestra propia seguridad o, por ejemplo, para disminuir los accidentes de tránsito?

Muchas veces, el mecanismo de echar la culpa es la forma más obvia en la que se manifiesta la dependencia en el Estado; si no consigo empleo es culpa del gobierno, si se produce una inundación en mi casa es culpa del gobierno, si pierdo un ser querido es culpa del gobierno, etc.

El problema no es que los gobiernos se deben eximir de sus responsabilidades, sino de definir responsabilidades ciudadanas para, precisamente, contribuir a disminuir ciertas problemáticas, pues es fácil criticar, pero difícil aportar. Muchas veces ese catastrofismo que ocurre en cada gobierno, y que implica: “estamos cerca de la debacle” o “nos estamos hundiendo como país”, es impulsado por los mismos políticos, que luego en el gobierno se convierten en víctimas de este discurso, pues es un simple juego de oposición.

El cierre de calle es uno de esos síntomas en los que el pueblo perjudica al pueblo, muchas veces frente a problemas personales que afectan a un minoría. Y aunque es posible que estas acciones se deban, precisamente, a la ineptitud de ciertos servidores públicos, también muestra cómo la gente espera que las autoridades sean las que resuelvan sus problemas, utilizando medidas ortodoxas y excesivas que perjudican a terceros. Son como aquel chiquillo que hace berrinche para demandar la atención de los padres y luego estos acuden a su rescate.

Les dejo una frase del expresidente J.F. Kennedy, a modo de reflexión, “No pregunten qué puede hacer su país por ustedes, sino que pueden hacer ustedes por su país”.

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