SISTEMA PÚBLICO DE SALUD

Los derechos y deberes de los pacientes: Enrique Lau Cortés

Los derechos y deberes de los pacientes: Enrique Lau Cortés Los derechos y deberes de los pacientes: Enrique Lau Cortés
Los derechos y deberes de los pacientes: Enrique Lau Cortés

La época en que a los enfermos se les llamaba “pacientes”, porque esperaban ser atendidos, con resignación y aceptando sin cuestionar las recomendaciones del médico –como si fuera palabra divina– terminó. Ya pasó ese tiempo en que la gente guardaba la mejor gallina para expresar su agradecimiento a los médicos. El internet ha cerrado la brecha y hoy día los pacientes conocen más de salud que ayer, y eso los hace más demandantes de sus derechos. Sin embargo, a consecuencia de un sistema de salud sobresaturado los hospitales se han convertido en el foco de múltiples conflictos, debido al mal servicio, lo que se expresa a través de las quejas de los pacientes y de sus familiares.

¿Qué sucedió, por qué tenemos menor calidad, si la formación de los médicos es larga y sacrificada en universidades que enseñan que la medicina es un apostolado y el paciente siempre es primero? La respuesta es compleja y no pretendo sacar una varita mágica para solucionar este problema. Lo cierto es que la demanda por los servicios públicos de salud ha crecido de forma vertiginosa, con un modelo de atención centrado en la enfermedad y que gasta la mayoría de los recursos en “curar” o “rehabilitar”. Esto convierte a nuestros hospitales en fábricas de reparación de enfermos, bajo el amparo de las estadísticas. De manera que el ser humano comienza a perder su esencia, y la relación médico–paciente se reduce a un número de expedientes que atender, con una carga laboral que agobia al médico y a su equipo y que no satisface a las personas.

Es evidente que falta más educación para que la población utilice de forma correcta los servicios de salud, tal es el caso de los saturados cuartos de urgencia. La lógica de los pacientes los hace abarrotar esas unidades para que los atiendan rápido, les hagan los exámenes, de una vez, y puedan salir con su tratamiento. Al no lograr esto, porque ahí se atiende a los pacientes que llegan en graves condiciones, no por orden de llegada, cerca del 70% expresa su insatisfacción por la “ineficiencia” del sistema ambulatorio.

Es obligante la incorporación de la calidad total, como atributo indispensable de una buena atención, que comienza con reconocer los derechos de los pacientes, consagrados desde 1981 en la Declaración de Lisboa. Esta señala que tienen derecho a recibir la mejor calidad de atención posible, a que se guarde su intimidad, se respete su dignidad, se le aclaren las dudas, a pedir una segunda opinión, escoger quien lo atienda, y tomar sus decisiones.

También tienen deberes, como decir la verdad sobre su enfermedad, ser respetuosos con el personal de salud, cuidar las instalaciones y el equipamiento, conocer y respetar el reglamento interno, ser responsables de cumplir con las indicaciones y conocer sus derechos.

Frente a la ausencia de un organismo que atienda las múltiples quejas, los pacientes recurren a los medios de comunicación social que a veces se hacen eco de denuncias sin corroborar las quejas y, lo que es peor, sin escuchar a la otra parte, de forma que no se contribuye a educar al pueblo.

Por ello, considero que debemos avanzar en la búsqueda de soluciones creativas, partiendo del hecho de que el actual modelo de atención y gestión en salud ha colapsado, sobre todo, cuando las señales actuales nos indican que se pretende construir más hospitales, lo que profundizará el modelo patocéntrico, biologicista, ineficiente y responsable de los actuales resultados en salud.

Si no migramos, con valentía, al modelo de atención primaria, centrado en la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, y no atendemos con calidad a los que requieran ir a un hospital, entonces, seguiremos en este círculo vicioso que marca una terrible inequidad, particularmente entre aquellos sectores más pobres de nuestra sociedad. Propongo la creación de la “superintendencia de los servicios de salud”, como ente que garantice la calidad, oportunidad, integralidad y pertinencia de la atención dirigida a la población. Cuando una persona está enferma, experimenta angustia, temor e incertidumbre, y deposita toda su esperanza en su médico. Ha llegado el momento de que en algún sitio de la formación del personal de salud en nuestro país, los estudiantes y sus profesores experimenten lo que siente una persona enferma cuando está en nuestras instalaciones, y que eso ayude a superar nuestro cansancio y a retomar nuestro apostolado.

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