SOCIEDADES CORRUPTAS

Una sutil y devastadora frase ‘injusta’: Mauro Zúñiga Saavedra

Una sutil y devastadora frase ‘injusta’: Mauro Zúñiga Saavedra Una sutil y devastadora frase ‘injusta’: Mauro Zúñiga Saavedra
Una sutil y devastadora frase ‘injusta’: Mauro Zúñiga Saavedra

Desde los cuatro años, aproximadamente, un niño sabe que si él recibe una manzana, pero un compañero recibe cuatro, es una injusticia. Es algo que los científicos llaman “aversión a la injusticia con desventaja”. Y a los ocho años, ya inducido culturalmente, distingue que si él recibe cuatro manzanas y su compañero solo recibe una, también es algo injusto; lo que los expertos denominan como “aversión a la injusticia por ventaja”.

El primer estudio multicultural sobre el desarrollo del sentido de la justicia en los niños, realizado por los psicólogos y antropólogos Peter Blake, de la Universidad de Boston; Katherine McAuliffe, de Yale y Harvard; y sus colegas de Salk Lake City, Columbia Británica y Nueva Escocia, en Canadá; y Dakar Fann, en Senegal, muestra la inocencia del niño en su entorno social.

Publicado en la revista Nature en diciembre pasado, la investigación abarcó a mil 732 niños de entre 4 y 15 años en 7 sociedades de Canadá (angloparlantes de Antigonish, católicos); en India (hablantes de Telugu de Andhra Pradesh, religión hindú); en México (hablantes de maya de Xculoc, católicos); en Perú (hablantes de español de San Pedro de Saño, católicos); en Senegal (hablantes de wolof de Dakar, musulmanes); en Uganda (hablantes de rutooro de Fort Portal, católicos y anglicanos); y en Estados Unidos (angloparlantes de Boston, protestantes y católicos).

El parámetro de medición, muy consolidado en la psicología experimental, se llama la “aversión a la injusticia” (inequity aversion), y se mide en dos tipos de experimentos. El primero se llama la “aversión a la injusticia en desventaja”, que se desarrolla espontáneamente, como ya mencionamos, en los niños de cuatro años y en todas las sociedades, perdiendo el niño su manzana al percatarse de que su compañero recibe cuatro.

El otro, “la aversión a la injusticia en ventaja”, aparentemente altruista, en que el infante por aceptar la injusticia inducida culturalmente pierde sus cuatro manzanas al saber que su compañero recibió solo una, se desarrolla alrededor de los siete u ocho años y, preferentemente, en las sociedades occidentales (Canadá y Estados Unidos), aunque también en Uganda. Los niños de India, México, Perú y Senegal no desarrollan este rasgo.

A pesar de los beneficios a largo plazo que arroja el estudio (manda a los demás la señal de que no estás dispuesto a tolerar abusos similares, impide que el otro se haga con beneficios excesivos, eres buen cooperador y se puede confiar en ti en el futuro), no hay que perder de vista el contexto en que se desenvuelven los niños: el país, la familia y el colegio, generalmente.

Si las personas continuaran estas actitudes a lo largo de sus vidas, la corrupción no sería tan generalizada en todo el mundo, como arroja el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.

En la medida en que el infante se va haciendo adulto, sigue estudiando, consigue un puesto de trabajo y se activa políticamente, si elige hacerlo. En este nuevo contexto social, el adolescente debe enfrentarse a una sutil, pero devastadora frase que le hará replantear su aversión a la injusticia: “Así se hacen las cosas aquí, así que si no te gusta, te vas o atente a las consecuencias”. Esto implica que las cosas que hacen los adultos son inmutables, incluyendo los contratos, y el joven debe adaptarse o terminará perdiendo el puesto de trabajo o cualquier asunto de vital importancia para su subsistencia.

Esa frase o alguna de sus variantes provoca una parálisis general e induce a que el nuevo profesional o político influenciado e inocente aún, no ejerza el poder que tiene para juzgar ideas. Sin darse cuenta, acepta todo lo que se le da, asumiendo una especie de agnosticismo moral: no distingue ya entre el bien y el mal, entre lo justo e injusto. Y entre la comida sana y el veneno, la muerte es el resultado final.

Antes de adquirir la nacionalidad u orientación política, religiosa o sexual, eres individuo y posees la facultad de la voluntad, y eres regido por las leyes de identidad y causalidad. Sin embargo, la voluntad de elegir está limitada por los hechos metafísicos, como la ley de la gravedad. O sea, algunos pueden elegir lanzarse desnudos desde un avión y decir que llegarán a la Luna o que respirarán en el agua o en el espacio sideral sin aparato alguno, pero el hecho metafísico lo impedirá dado que son leyes eternas e inmutables.

Como la organización actual de nuestro sistema social no es metafísicamente necesaria, al igual que cualquier hecho creado por el hombre, podemos modificar una estructura intrínsecamente corrupta, sostenida únicamente por el permiso de una mayoría que, de forma equivocada, lo perpetúa cada cinco años con su voto, a pesar del temor, la culpa, la evasión y la violencia que genera. La inocencia del niño termina, precisamente en su infancia, dado que los adultos consideramos, de manera errónea, que no podemos modificar el rancio colectivismo y egoísmo tradicional, irracional y subjetivo que nos gobierna, como ideas dominantes.

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