RESPONSABILIDAD

El discurso político: Robin Rovira Cedeño

Decía David Thoreau: “Nunca digas lo que debes decir, di lo que tengas que decir”. En esto consiste, precisamente, el discurso de un político: le dice al pueblo lo que quiere escuchar, lo que halaga sus oídos. No lo que tiene que escuchar, aunque no suene tan agradable.

La razón por la que un político actúa así radica en que sus palabras van dirigidas a cuidar la percepción o imagen que la gente tenga de él, antes que hablarle con sinceridad. Sin que esta sinceridad se traduzca en ingenuidad, pues hay que recordar que “la franqueza engendra el odio”. Sino pregúntenle a Mitt Romney, al que alguien pidió que le taparan la boca durante un discurso.

A diferencia de un político, un estadista dice lo que tiene que decir. Sin que ello se traduzca en pesimismo o irrespeto. Sus palabras más bien van dirigidas a educar o formar, antes que a impresionar al pueblo. Solo aquel que le diga al pueblo lo que tiene que escuchar puede educarlo o formarlo. Fue por esta razón que alguien dijo: “lo que lastima educa”.

Un político jamás podrá educar o formar. Su interés primario es publicitarse, porque él es un producto de marketing destinado a asegurar el triunfo de un partido en las elecciones. A diferencia de un estadista, cuyo interés primario es asegurar el triunfo de las presentes y futuras generaciones.

Digo esto no con el propósito de demeritar el oficio de político, sino con el propósito de recordarles que “Dios es fácil de complacer; pero difícil de satisfacer”. Que si bien puede estar complacido con la labor de un político, el que Dios esté satisfecho es otra cosa. Y Dios no puede estar satisfecho si se utiliza la política como instrumento para llegar al poder por el poder y no como instrumento para educar o formar al hombre.

Un Gobierno educa o forma a través de las leyes. De manera que estas limitan las acciones del hombre y al limitarlas lo educa o lo forma al mismo tiempo para que sea un ser civilizado.

Si en este país hay personas que hacen lo que se les viene en gana, ello se traduce en un Gobierno que no está administrando con eficacia las leyes. Dicho de otro modo, no está educando o formando a los ciudadanos. Es decir, llegó al poder con otros propósitos, y la justicia y la formación del hombre no es su prioridad.

Decía Gandhi que “la política es necesaria para llegar al hombre y transformarlo”. Si la política no logra educar, formar o transformar al hombre es política a secas.

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