9 DE ENERO DE 1964

¿Quién es el dueño de la historia?: Dicky Reynolds O´Riley

De apuro, con fines puramente simbólicos y obligados, nos acordamos que hace cincuenta años, un pueblo, humillado se alzó en piedras en contra de lo que significaría un enclave colonial, en la antigua Zona del Canal. Gente que quizá pasaba de curiosa resultó muerta o herida, la ira de aquel que sufrió el escarnio de traspasar la quinta frontera seducido por un mango, ser arrestado y fichado como cualquier delincuente se unió a quien por rabia perdió el trabajo porque al capataz gringo no le caía bien, gente con sed de venganza por la guerra de Coto o por el incidente de la tajada de sandía.

La esencia de este artículo es darle mérito, sin importar si fueron por casualidad, por convicción, por juego, por vandalismo, etc. Al fragor de dicha contienda hemos notado que fueron surgiendo historias colaterales de oportunistas que se colaban en cualquier café o auditorio a narrar lo sucedido, a describir situaciones que no se dieron en dicho evento de reinvidicación nacionalista espontánea, algunos con visos de rivalidades de protagonismo y otros con ansias de usufructo sin medir el alcance de esta hazaña, algo parecido a la pelea entre la hormiga y el elefante. El gobierno de turno, por presión y no por honor, rompió relaciones con Estados Unidos para acallar las críticas internas sobre su permisividad al punto que, en principio, asignó a la Guardia Nacional la tarea de custodiar los negocios y velar porque la gente no se metiera con el Good Neighbor; muchos agentes de la gendarmería, se dice, tomaron partida por los manifestantes y se optó por la decisión de desarmar a la policía. Se dijo que era una turba con intenciones de subvertir el orden público, auspiciada por los comunistas del patio, y que utilizó a los estudiantes como carne de cañón.

La clase social dominante de la época prefirió ser observadora y a veces crítica de la conducta tachada de impropia de los panameños, ya que ellos sí celebraban el 4 de Julio y el Día de Acción de Gracias. Hasta aquellos que pensaron que fue una escaramuza para paliar la brutalidad de este ataque.

Al final con el saldo de muertos desconocidos, como en la invasión, empieza la lucha por adueñarse de la historia por parte de sectores de la sociedad.

Esta gesta fue un estandarte para lograr la recuperación de la soberanía de Panamá, pero la fueron amoldando a sus caprichos e intereses. Cuando el gobierno de la llamada dictadura gobernaba, valga la redundancia, era necesario mantener el nacionalismo como dogma o consigna, aunque solo fuera por motivación y no convicción; cuando este fue derrocado, curiosamente por un acto peor que el 9 de enero, aquel 20 de diciembre de 1989, hubo que cambiar los guiones y vendernos el cuento de que fuimos las víctimas propiciadoras de las agresiones y que lo que sucedió fue liberación. Que si Noriega no le hubiera declarado la guerra a Estados Unidos no nos hubieran invadido y si esos estudiantes revoltosos no hubieran ido a molestar a la Balboa High School no habría provocación que, a la postre, se reprodujo en un saldo de muertos y heridos. En fin, ellos lo que hicieron fue protegerse, según los que justifican.

Después de ello se fue diluyendo la historia, al punto que Ascanio Arosemena es el último nombre que nos acordamos de la gesta de 1964. Al principio casi obligados nos condenaron a guardar el luto por los mártires, cero alcohol, cero música festiva, casi un Viernes Santo. Después vino la queja de los comerciantes que no se podía parar la maquinaria productiva para honrar a “esa gente” y ya al final jolgorio y desenfreno, que se permitió matar dos pájaros de un tiro, con ello murió el último resuello de nacionalismo.

Ahora pretendemos recobrar la memoria a punta de homenajes tardíos y chequera, a hacer héroes pagados. Nadie sabe para quien trabaja en estas luchas con ribetes nacionalistas; los réditos son para otras personas, al punto que los que residen en la otrora Zona del Canal, ahora áreas revertidas, tienen los mismos patrones de conducta colonial humillando al que traspasa su feudo.

Recuerdo que entre mis amistades había un anciano centenario que fue héroe de papel, como el mismo se hacía llamar, de la Guerra de Coto, y que al fallecer ni siquiera le leyeron una resolución de duelo a pesar que tenía su condecoración y diploma al mérito por el sacrificio prestado a la nación. Y 51 años después no habrá conmemoración, habrá que esperar el centenario y quizá otro homenaje para estos muchachos cuyos recuerdos se habrán puesto viejos.

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